Los dones espirituales eran poderes extraordinarios concedidos en los primeros tiempos para convencer a los incrédulos y extender el evangelio. Los dones y las gracias difieren mucho. Ambos eran libremente dados por Dios. Pero donde se da la gracia, es para la salvación de quienes la reciben. Los dones son para el provecho y la salvación de otros; y puede haber grandes dones donde no hay gracia. Los dones extraordinarios del Espíritu Santo se ejercían principalmente en las asambleas públicas, donde los corintios parecían haber hecho ostentación de ellos, careciendo del espíritu de piedad y de amor cristiano. Mientras fueron paganos, no habían sido influidos por el Espíritu de Cristo. Nadie puede llamar a Cristo Señor, con dependencia creyente en él, sino cuando esa fe es obrada por el Espíritu Santo. Nadie pudo creer con su corazón, ni probar mediante un milagro que Jesús era el Cristo, sino por el Espíritu Santo. Hay diversos dones y diversos oficios que desempeñar, pero todos proceden de un mismo Dios, un mismo Señor, un mismo Espíritu; es decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, origen de toda bendición espiritual. Nadie los tiene meramente para sí mismo. Cuanto más aprovecha a otros, más se volverán en provecho propio. Los dones mencionados parecen referirse a la comprensión exacta y a la proclamación de las doctrinas de la religión cristiana; al conocimiento de los misterios y a la habilidad para dar consejo y dirección. También al don de sanar a los enfermos, de obrar milagros, de explicar la Escritura mediante un don peculiar del Espíritu y de la capacidad de hablar e interpretar lenguas. Si tenemos algún conocimiento de la verdad o alguna facultad para darlo a conocer, debemos dar toda la gloria a Dios. Cuanto mayores sean los dones, más expuesto está quien los posee a las tentaciones, y mayor es la medida de gracia que necesita para mantenerse humilde y espiritual; y se encontrará con experiencias más dolorosas y dispensaciones más humillantes. Poco motivo tenemos para gloriarnos de cualquier don que se nos haya concedido, o para despreciar a quienes no los tienen.
En el cuerpo humano cada miembro tiene su lugar y su uso
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Corinthians 12:1-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.