Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

Dos oraciones que revelan el corazón del creyente

Jesús contrasta la soberbia del fariseo con la humildad del publicano para enseñarnos que solo la oración sincera y penitente, que reconoce la propia culpa, llega al cielo y halla misericordia.

Aquí tenemos dos clases de oración presentadas una al lado de la otra para nuestra instrucción. La primera en realidad no es oración alguna; es solo un poco de autofelicitación en la presencia de Dios. Sin embargo, no fue mucho consuelo, al fin y al cabo, lo que el fariseo encontró. Él era mejor que ciertos hombres, dijo. Nunca pensó en compararse con Dios, lo único verdaderamente correcto que debía hacer.

Este fariseo tiene muchos seguidores. El acervo entero de piedad de muchísimas personas consiste en no ser tan malos como algún otro. El hombre deshonesto halaga su conciencia con la reflexión de que es sobrio y templado. El hombre de lengua falsa da gracias de que paga sus deudas. La mujer chismosa encuentra gran consuelo en el hecho de no ser una pagana como su vecina, que nunca va a la iglesia. Pero es una pobre clase de virtud la que no tiene nada mejor sobre lo cual edificarse que esa bondad relativa e imperfecta. Uno puede estar libre de muchísimos feos defectos que tienen sus vecinos, y sin embargo no ser él mismo un santo.

La oración del otro hombre era del todo diferente. En él no había ninguna medición de sí mismo con otros hombres para ver si él o ellos eran peores. Tampoco se ponía a repasar pecados que no había cometido. No dijo nada de los pecados de su prójimo, sino que fue muy libre al hablar de sus propios pecados. Se presentó ante Dios cargado con la conciencia de su propia culpa personal, y clamó a Dios por misericordia, una misericordia enteramente inmerecida, que solo podía concederse por la gracia. Es muy obvio cuál fue la oración verdadera y aceptable.

Es la oración del penitente la que llega al cielo. Dios quiere honestidad en nuestra súplica; quiere humildad. No basta con preocuparse por los pecados de los demás. El pecador concreto por cuyos pecados cada uno debiera preocuparse más es uno mismo.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Two Prayers

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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