La oficina principal de la mano es asir y agarrar un objeto. La mano humana es una obra maestra de la anatomía; los dedos y el fuerte pulgar opuesto han sido expresamente construidos por su divino Hacedor para asir y retener objetos, y por ello cada músculo, arteria, vena y nervio concurren juntos para cumplir este oficio destinado. ¿No hay en el oficio de la fe algo análogo y correspondiente a esto? ¿Qué dice el Señor? "Asa cada uno mi fortaleza, y haga paz conmigo; sí, haga paz conmigo." Hay, pues, un asir la fortaleza de Dios. ¿No es esto por la fe? ¿Hay alguna otra gracia del Espíritu que se aferre al Señor, como Jacob se aferró al ángel con quien luchaba, o como Pedro, hundiéndose, echó mano de la mano de Jesús? "Echa mano de la vida eterna", es la orden de Pablo a Timoteo. Pero ¿cómo se echa mano de la vida eterna, y especialmente de Jesús, "la Vida", sino por la fe? "El que cree en mí", dice Jesús, "tiene vida eterna." La tiene echando mano de ella.
Así leemos también de "huir para refugiarnos y asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros" (Heb. 6:18). Como el homicida huía a la ciudad señalada, y cuando su mano asía las puertas estaba seguro, así los pecadores culpables huyen por refugio al Señor Jesús, y por la fe echan mano de la esperanza puesta delante de ellos en el evangelio de la gracia de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.