Esta abogacía es llamada aquí, como en otras partes, «abogar la causa» del creyente, y está conectada con la liberancia, pues tal abogado nunca puede fracasar: «Abogaste, oh Jehová, las causas de mi alma; redimiste mi vida». La figura se toma de un abogado que defiende la causa de un acusado y emplea sus mejores esfuerzos para sacarlo ileso. Pero tal abogacía puede fracasar por dos razones: la incompetencia del abogado, o la maldad de la causa.
Pero no hay tales obstáculos para el éxito de la abogacía de Cristo. ¡Cómo puede él alegar sus propios sufrimientos, sangre y obediencia! Su misma persona como Hijo de Dios e hijo del hombre da valor y validez inefables a cada plea del gran Intercesor. ¡Qué validez tiene entonces su intercesión en la corte del cielo! Es verdad que no puede negar la verdad de la acusación que el acusador de los hermanos presenta contra su cliente; pero puede presentar sus propios sufrimientos meritorios y los dolores que soportó por el culpable. Sobre esta base puede levantarse como su fiador y representante, y abogar ante el Padre que ha sufrido en su lugar. Sobre el fundamento firme y sólido, pues, de la justicia y la equidad, puede abogar en su favor: «Déjale ir, porque yo soporté la pena que se le debía».
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: January 10
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.