Ved que el Señor, al señalar las pruebas por las que pasa su pueblo, las compara con «hierro». No disminuye su peso; no disminuye en nada su tendencia opresiva. Pero luego, a fin de administrar un remedio adecuado al alma de Jeremías, saca a relucir algo mucho más fuerte. «¿Quebrará el hierro», dice, «el hierro del norte y el acero?» No, por cierto; el «hierro del norte y el acero» romperán aquello. El hierro común jamás puede romper el hierro del norte, que es un metal de naturaleza muy superior; y aún menos prevalecer contra aquel acero bien templado que corta todo lo que toca.
Ahora bien, si vuestros corazones están ejercitados con tristezas de hierro, tentaciones, pruebas y perplejidades, estoy seguro de que querréis el poder omnipotente de Dios en vuestras almas para cortarlas. Y Dios puede hacerlo. ¿Sois un creyente pobre y perseguido? Dios puede derribar en un momento a aquel enemigo que os persigue. ¿Sois tentados por Satanás? Él puede en un momento cortar sus dardos de fuego. ¿Pasáis por una prueba severa? Por la aplicación de alguna preciosa promesa, el Señor puede en un momento cortar la prueba. ¿Estáis enredados en algún lazo doloroso que sentís y bajo el cual clamáis noche y día, y, sin embargo, sois incapaces de libraros? El Señor puede, en un momento, por la aplicación de su preciosa palabra a vuestra alma, cortar aquel lazo. No tiene sino que oponerle «el hierro del norte y el acero», y está hecho en un momento.
¿Cómo fue con Jeremías? ¿No dijo: «Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y alegría de mi corazón»? ¿Por qué? Porque persecuciones agudas, pruebas dolorosas y tentaciones severas le habían dado apetito; esa fue la razón por la que «la palabra fue hallada». Se lanzó sobre ella como un hambriento sobre un trozo de pan. Fue dulce a su alma, porque traía consigo una preciosa liberación de las tentaciones y los dolores bajo los cuales gemía su alma.
Así vemos que, en proporción a lo que sentimos la naturaleza de hierro de las pruebas y los dolores, experimentaremos «el hierro del norte y el acero» del poder omnipotente y la gracia de Dios para librar. ¡Dichoso el pueblo que se halla en tal estado! ¡Dichoso el pueblo que tiene a este Señor por Dios manifestado!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: April 16
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.