Pensamientos vespertinos

El alimento del alma que busca a Cristo

La lectura fervorosa de la Palabra alimenta la vida espiritual, pues solo Cristo, recibido por fe, sacia el hambre inmortal del alma. La Biblia ha de ser el compañero y consejero del creyente.

La lectura diligente y orante de la santa Palabra de Dios es un gran medio para aumentar y promover la espiritualidad de la mente. Esto, tememos, no es elemento presente en el cristianismo de muchos; define un deber triste y, en gran medida, totalmente descuidado. La tendencia de la época es sustituir los escritos del hombre por el Libro de Dios. Pero la vida divina del alma no se alimenta de los descubrimientos de la ciencia, ni de los axiomas de la filosofía, ni de las brillantes flores del genio. Aspira a una fuente más alta y más divina: el pan que desciende del cielo y el agua que brota, pura como el cristal, de debajo del trono de Dios y del Cordero. Jesús es su sustento, y el evangelio, al desplegarle en su gloria y gracia, es el granero espiritual de donde se obtiene su alimento cotidiano.

A esta Palabra acude el alma, a veces oprimida de hambre o jadeante de sed, cansada y exhausta, y encuentra en sus doctrinas y promesas, en sus admoniciones y revelaciones, un banquete de manjares suculentos. Así, refrescada y satisfecha, exclama: «Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y alegría de mi corazón». Jesús mismo testificó que si no se come la carne del Hijo del hombre y se bebe su sangre, no hay vida en nosotros; lo que implica solemnemente que donde no hay apetito por el alimento espiritual, falta la gran evidencia de la vida de Dios en el alma. La vida divina de un alma vivificada se nutre sólo de alimento divino: Cristo, y sólo Cristo, recibido en el corazón, descansado en él y vivido por la fe, es el alimento del creyente. Nada menos que Jesús, «Cristo todo y en todos», puede satisfacer las necesidades profundas e inmortales del alma. Si algo menos que Cristo hubiera bastado, menos te salvaría; pero puesto que sólo el Dios encarnado es el Salvador del pecador perdido, no quites ni añadas a esta salvación ninguna obra de mérito humano. Acostúmbrate, pues, al trato íntimo con la santa Palabra de Dios; y si tu tiempo de lectura es limitado, reduceslo a un libro, y que ese libro sea la Biblia.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - September 17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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