Esta es la gran lección que hemos de aprender en nuestro viaje por el desierto: que el hombre no vivirá de pan solo, es decir, de aquellos proveedores providenciales que alivian nuestras necesidades naturales. Gracias a Dios por todo el pan que nos da en su bondadosa y abundante providencia. Un sustento honesto es una gran misericordia. Poder mantener con el trabajo de nuestras manos o de nuestra mente a nuestras familias y criarlas con cierto grado de comodidad, si no de abundancia, es una gran bendición. Pero Dios ha determinado que su pueblo no vivirá de pan solo. Serán separados de la masa de los hombres que viven solo de esta manera carnal, que no tienen cuidado más allá de las posesiones terrenales y cuya suma de pensamientos y deseos es qué comerán, qué beberán y con qué se vestirán; que nunca miran más allá del bolsillo, del negocio, de la ocupación diaria, del regreso seguro, de la inversión rentable y de cómo proveer para sí mismos y para los suyos.
Dios ha plantado en el pecho de su pueblo una vida más alta, un principio más noble, un apetito más bendito que vivir solo de pan. Le bendecimos por su providencia, pero le amamos por su gracia. Le agradecemos el pan y el vestido cotidiano, pero estas misericordias son solo para el tiempo, perecederas en su mismo uso, y él nos ha provisto de lo que es para la eternidad. ¿En qué quiere él entonces que viva el alma? «De toda palabra que sale de su boca». Pero ¿dónde encontramos estas palabras que salen de la boca de Dios? En las Escrituras, que son el alimento de la Iglesia, y especialmente en la Escritura aplicada al corazón, en las palabras que Dios se complace en depositar en el alma por un poder divino, que recibimos de su boca graciosa y abrazamos con mano creyente. Ese es el alimento y nutrimento de nuestra alma: la verdad de Dios aplicada a nuestro corazón y hecha vida y espíritu para nuestras almas por su propia enseñanza y testimonio. Y ved cuán grande y abundante es el suministro. Recorramos todo el ámbito de la palabra revelada de Dios y veamos en ella qué depósito de provisión hay guardado para la Iglesia de Dios. ¡Cuánto esto debería estimularnos y animarnos a escudriñar las Escrituras como a tesoro escondido, a leerlas constantemente, a meditar en ellas, a procurar entrar en la mente de Dios revelada en ellas y hallarlas así alimento de nuestra alma! Si estuviéramos plenamente persuadidos de que toda palabra de la Escritura salió de la boca de Dios y fue dada para alimentar nuestra alma, ¡cuánto más la estimaríamos, la leeríamos y la estudiaríamos!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 23
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.