La comunión con Cristo comienza aquí abajo, en nuestro estado temporal. Es aquí donde se da a conocer por primera vez el misterio de la unión matrimonial; aquí se contraen los desposorios; aquí se da el primer beso del amor comprometido. La celebración de las bodas está aún por venir; pero el desposorio original en el cielo y los desposorios espirituales en la tierra hacen a Cristo y a su Iglesia eternamente uno. Así como el esposo, al unirse a su esposa en vínculo matrimonial, se compromete a amarla, cuidarla, alimentarla, vestirla, hacer suyos los intereses de ella, su honra y su felicidad, así el bendito Jesús, cuando en los consejos de la eternidad desposó consigo a la Iglesia, se comprometió a ser para ella y a hacer por ella todo cuanto fuera para su felicidad y honra, su perfección y su gloria. Sus propias palabras son: «Te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia, en juicio, en misericordia y en compasiones. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás al Señor».
Debe haber unión antes de comunión, matrimonio antes de posesión, injerto antes de permanecer en Cristo y él en nosotros, estar en la vid antes de ser sarmiento que brota del tronco. Es el Espíritu quien nos vivifica para sentir nuestra necesidad de él, para buscar en él y de él todos nuestros recursos, para creer en él para vida eterna y vivir así una vida de fe en él. Mediante sus enseñanzas secretas, toques interiores, sonrisas llenas de gracia, dulces susurros, dulces promesas y, sobre todo, mediante manifestaciones de su gloriosa Persona, de su obra consumada, de su sangre expiatoria, de su justicia justificadora, de sus sufrimientos y de su amor hasta la muerte, él atrae el corazón hacia sí. Así conquista nuestros afectos y, poniéndose ante nuestros ojos como «el principal entre diez mil y todo deseable», saca de nosotros aquel amor que pone el mundo bajo nuestros pies. Toda religión fluye de su Espíritu y de su gracia, de su presencia y de su poder. Él es nuestro sol, y sin él todo es tinieblas; él es nuestra vida, y sin él todo es muerte; él es el autor y consumador de nuestra fe, la sustancia de nuestra esperanza y el objeto de nuestro amor.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: May 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.