Palabras diarias para los peregrinos de Sion

El alma herida que anhela las aguas de Dios

David pinta a un ciervo perseguido y sediento que jadea por las corrientes; así arde el alma del creyente tras Dios en la tentación y la prueba.

Qué figura tan impresionante ha empleado David en estas palabras. Imagina un ciervo herido, con la flecha en el costado o perseguido por una multitud de cazadores y sabuesos, todos ávidos de derribarlo; imagina que ha corrido durante un trecho bajo un sol abrasador y sobre montones de arena; e imagina que a la distancia este pobre animal herido o acosado ve el agua fluir suavemente. ¡Oh, cómo jadea! ¡Cómo respiran sus ijades agitados y cómo anhela la corriente refrescante, no sólo para beber grandes tragos de aguas frescas y bañar sus ijades jadeantes y sus miembros cansados y resecos, sino para, nadando a la otra orilla, escapar acaso de los perros y los cazadores que lo acosan! ¡Cuán fuerte, cuán impresionante es la figura!

Y, sin embargo, por fuerte que sea, ¡con cuánta seriedad la emplea David para representar el jadeo de su alma tras Dios! No podemos, acaso, elevarnos a la plenitud de esta figura; no podemos, no osamos poner nuestros sentimientos, plenamente extendidos, lado a lado con los suyos, ni usar las mismas expresiones ardientes, vehementes y encendidas. Pero al menos podemos ver en ellas lo que los santos de Dios experimentaron en tiempos de tentación y prueba en días antiguos; y podemos comparar en cierta medida los sentimientos de nuestra alma con los de ellos, a veces para llenarnos de vergüenza y confusión por nuestras deficiencias, a veces para estimularnos y animarnos en la medida en que experimentamos un grado de enseñanzas semejantes; pues estas cosas fueron escritas para nuestra instrucción, «sobre quienes han venido los fines de los siglos».

Así, de diversas maneras y para diversos fines, podemos, con la ayuda y la bendición de Dios, contemplar expresiones como las que hallamos en las palabras de David y, en el temor de Dios, escudriñar nuestros corazones para ver si podemos hallar allí algo que corresponda a la obra de la gracia que el Espíritu Santo describe como existente en su alma. Y no te desalientes por completo ni te desanimes del todo si no encuentras una semejanza plena o estrecha. ¿Puedes encontrar alguna? Si es así, anímate, pues el Señor no desprecia el día de las cosas pequeñas. Es su propia obra en el corazón y sólo su propia obra a la que él tiene en cuenta, como David sentía cuando dijo: «El Señor perfeccionará lo que me concierne; tu misericordia, oh Señor, permanece para siempre; no desampares la obra de tus manos» (Salmo 138:8). Y esa obra será siempre una copia, en tamaño natural o en miniatura, una fotografía completa o reducida, de la obra de la gracia descrita en la Escritura como llevada a cabo por el Espíritu en los corazones de los santos de Dios de antaño.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: July 1

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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