Porciones diarias

El alma que espera con fe viva

Aun en el desmayo más profundo, la esperanza viva en la palabra de Dios revela que la vida divina obra en el alma que anhela la manifestación de Cristo.

¡Cuán difícil y, añadamos, cuán raro resulta mantener de manera durable una dulce sensación experimental y un interés asegurado en aquellas bendiciones espirituales con las que, en cuanto creemos en el Hijo de Dios, somos bendecidos en los lugares celestiales en Cristo Jesús! Vislumbres, miradas fugaces, sorbos y gustos, gotas y migajas dulces más allá de toda expresión mientras duran, pero rara vez concedidas y pronto desaparecidas, son por lo general todo lo que parece alcanzarse tras mucho trabajo, muchos clamores, ruegos fervientes y anhelos vehementes ante el Señor. Muchos hay que claman a diario, y a veces casi cada hora, si no con las palabras exactas sí con su sustancia: «¡Ven, huésped tan esperado; Señor Jesús, ven pronto!».

Y, sin embargo, ¡cuánto parece demorar su venida! Cuánto miran hacia arriba hasta que ojos y corazón parecen desfallecer, esperando su aparición más que los que velan por la mañana; cuán dispuestos a cualquier sacrificio, a hacer, ser o soportar cualquier cosa, si tan solo se manifestara a sus almas. De esos anhelos y esperas, ¿de dónde brotan? ¿No muestran tales deseos y anhelos que quienes los albergan han sido engendrados de nuevo para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos? Es la vida divina en el alma la fuente de estos suspiros, miradas y anhelos, y esa vida procede de un nacimiento nuevo y espiritual, fruto de la resurrección de Jesús.

No es el niño muerto el que llora; es el llanto del niño vivo el que conmueve el corazón de la madre. Así, los clamores de los que hemos hablado muestran que hay vida. Y donde hay vida hay esperanza; pues ¿por qué habría de clamar, esperar y anhelar alguien una bendición que no espera obtener jamás? Es porque la gracia de la esperanza, viva para Dios, obra unida a la fe y al amor, manteniendo sinceros, fervorosos e incansables a los que esperan lo que Dios ha prometido a quienes en él confían.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: August 12

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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