Los años son cortos para los felices y sanos; pero treinta y ocho años de enfermedad debieron arrastrar una longitud muy fatigosa en la vida del pobre hombre impedido. Cuando Jesús, pues, le sanó con una palabra, mientras yacía junto al estanque de Betesda, él fue deliciosamente consciente de un cambio. Así también el pecador que por semanas y meses ha estado paralizado por la desesperación, y ha suspirado cansadamente por la salvación, es muy consciente del cambio cuando el Señor Jesús habla la palabra de poder, y da gozo y paz en el creer. El mal quitado es demasiado grande para ser quitado sin que lo discernamos; la vida impartida es demasiado notable para ser poseída y permanecer inoperante; y el cambio obrado es demasiado maravilloso para no ser percibido. Sin embargo, el pobre hombre ignoraba al autor de su curación; no conocía la santidad de Su persona, los oficios que desempeñaba, ni el encargo que le trajera entre los hombres.
Así, mucha ignorancia de Jesús puede permanecer en corazones que ya sienten el poder de Su sangre. No debemos condenar apresuradamente a los hombres por falta de conocimiento; pero donde podamos ver la fe que salva el alma, debemos creer que la salvación ha sido otorgada. El Espíritu Santo hace a los hombres penitentes mucho antes de hacerlos teólogos; y el que cree lo que sabe, pronto conocerá más claramente lo que cree. La ignorancia es, sin embargo, un mal; pues este pobre hombre fue muy cuestionado por los fariseos, y fue del todo incapaz de hacerles frente. Es bueno poder responder a los que contradicen; pero no podemos hacerlo si no conocemos al Señor Jesús de manera clara y con entendimiento. La cura de su ignorancia, sin embargo, siguió pronto a la cura de su flaqueza, pues fue visitado por el Señor en el templo; y después de esa manifestación de gracia, se le halló testificando que «era Jesús quien le había sanado». Señor, si me has salvado, muéstrate a Ti mismo, para que yo te declare a otros.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: May 8 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.