Flores de un jardín puritano

El amor a Dios nace de su amor por nosotros

El amor a Dios no nace del deber ni del esfuerzo, sino de experimentar el amor divino que el Espíritu Santo derrama en el corazón.

"El amor debe pagarse en su misma especie. Así como se echa agua en una bomba, cuando los manantiales están bajos, para sacar más agua, así Dios derrama su amor en nuestros corazones, para que nuestro amor se eleve de nuevo a Él por vía de gratitud y acción de gracias."

¡Qué vano es, entonces, esperar reprendernos a nosotros mismos hasta amar a Dios! El precio del amor es amor; el origen de este no se halla en la ley ni en el sentido del deber, sino en el amor, o en un retorno de gratitud. Cuando el sol del amor eterno derrite los glaciares del alma, entonces los ríos del afecto fluyen. Pero si las rocas de hielo pudieran romperse en mil pedazos a martillazos, ni una gota de afecto brotaría. Solo un sentido del amor divino creará jamás amor a Dios en el corazón.

¡Cuán vano es también el intento de recompensar la misericordia de Dios con actos mecánicos de religión u obras de servicio legal! "El amor debe pagarse en su misma especie." Ninguna otra moneda es corriente en el imperio del amor, sino aquella que lleva su propia imagen y superscripción. Hagamos lo que hagamos, aun hasta el martirio, si no tenemos amor, nada nos aprovecha. En este caso es especialmente cierto: "Si alguien diera todo el patrimonio de su casa por amor, sería enteramente despreciado."

Ven, corazón mío, ¿tu amor se agota? Entonces ruega al Espíritu Santo que derrame el amor de Dios dentro de ti. Derrama esta agua viva en tu bomba seca, y pronto derramarás un abundante torrente de amor a Dios.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Pour this living water into your dry pump!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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