Pensamientos vespertinos

El amor a los hermanos evidencia el amor a Dios

Amar al pueblo de Dios porque es santo es una evidencia inequívoca de que pertenecemos a la familia divina y de que amamos a Dios.

Aquí hay una prueba de relación con la familia de Dios que nunca falla. «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos». De ella el creyente más débil puede extraer el mayor consuelo. Otras evidencias, amados, pueden oscurecerse. El conocimiento divino puede ser deficiente, la experiencia cristiana limitada, y la pregunta «¿Soy yo hijo de Dios?» puede haber sido largo tiempo una duda dolorosa; pero aquí hay una evidencia que no puede engañar. Puedes dudar de tu amor a Dios, pero tu amor a su pueblo, como tal, prueba la existencia y la realidad de tu amor a Él. Tu apego a ellos, porque son santos, es una evidencia de tu propia santidad, que ningún poder puede invalidar o poner a un lado. Puesto que el Espíritu Santo lo ha constituido como evidencia, y puesto que Dios lo admite como tal, insistimos en su consuelo, con toda la energía que poseemos, sobre el corazón del hijo de Dios que duda y tiembla.

A menudo habrás cuestionado la realidad de tu amor a Dios, apenas atreviéndote a reclamar un afecto tan grande. Tu apego a Jesús, tan inconstante, tan vacilante y tan frío, habrá suscitado con frecuencia el temor ansioso y la duda perpleja. Pero tu amor al pueblo de Dios ha sido como un ancla segura para tu alma. Esto no lo has cuestionado, ni lo has podido dudar. Los has amado porque eran el pueblo de Dios; has sentido apego a ellos porque eran discípulos de Cristo. ¿Qué prueba esto, sino tu amor a Dios, tu afecto a Jesús y tu propia participación en la misma naturaleza divina? Sería imposible que amaras lo que es santo sin un principio correspondiente de santidad en ti. Hablando de la enemistad de los impíos contra su pueblo, nuestro Señor emplea este lenguaje: «Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece». Ahora bien, si en tu corazón arde el sentimiento opuesto, ten por seguro que, así como el odio del mundo a los santos prueba que ama sólo lo suyo, así tu amor a los santos coloca el hecho de tu unión con ellos fuera de toda duda. Prueba tu corazón, amado, por este criterio. ¿No amas al pueblo de Dios porque es su pueblo? ¿No es la imagen de Cristo en aquellos en quienes tanto te deleitas mirar, y cuyo contemplar enciende tu alma con amor a Cristo mismo? Entonces, que todo cristiano profesante pruebe su religión por esta gracia. Pregúntese el que solía encerrarse en su propio reducido recinto: «Si no amo a mi hermano a quien he visto, ¿cómo puedo amar a Dios a quien no he visto?»

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - April 5

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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