Pensamientos vespertinos

El amor del Padre que entregó a Cristo por nosotros

El Padre mismo entregó a Jesús por amor, y quien se refugia bajo la cruz descubre que ninguna condenación perdura frente a su sacrificio sustitutorio.

«El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.» Si alguna expresión pudiera ahondar aún más nuestro sentido de la inmensidad del amor de Dios, la encontramos aquí. ¿Quién entregó a Jesús para morir? No Judas, por dinero; no Pilato, por temor; no los judíos, por envidia, sino el Padre, por amor. En esta gran transacción perdemos de vista a sus traidores, a sus acusadores y a sus verdugos, y contemplamos únicamente al Padre obrando en la grandeza de su amor por su familia. Y ¿a qué fue entregado? A las manos de hombres impíos, a la pobreza y la necesidad, al menosprecio y la infamia, al dolor y a una muerte ignominiosa. «Quiso Jehová quebrantarlo, sujetándolo al padecimiento.»

Y ¿por quién fue así entregado? «Por nosotros todos», por la iglesia adquirida con su propia sangre. Por todos los suyos tiene un amor igual, y por todos pagó un precio igual. No te consideres, por pobre, inculta o afligida que te sientas, menos objeto del amor del Padre ni menos adquisición de los méritos del Salvador. Oh, bendita y consoladora verdad: ¡por nosotros todos! Por ti, que tal vez interpretas tus aflicciones como señales de ira, tus pecados como sellos de condenación, tu pobreza como marca de abandono y tus dudas como evidencia de una falsa esperanza: por ti, querido santo de Dios, Jesús fue entregado.

Pero ¿en qué carácter murió Cristo? No como mártir ni como ejemplo, sino como sustituto. Su muerte fue sustitutoria. «El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.» Aquí está el privilegio de la fe: no hay un solo niño en Cristo que no pueda apoyar su mano sobre esta verdad gloriosa. Puesto que Cristo llevó nuestros pecados y fue condenado en nuestro lugar, ¿quién podrá condenar a aquellos por quienes él murió? De pie a la sombra de la cruz, el santo más débil puede enfrentar a su peor enemigo, y a toda acusación y sentencia responder señalando al que murió; allí ve la deuda cancelada, la malditura quitada y escrito en luz viva: «Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - December 14

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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