Aspiraciones celestiales

El amor dispuesto a morir con Cristo

Ante el peligro, Tomás propone acompañar a Jesús y morir con Él, revelando un amor que ni la muerte puede apagar y que nos llama a examinar sinceramente nuestro amor por el Salvador.

«Tomás dijo a los demás discípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.» Juan 11:16

Cuando las piadosas hermanas de Betania enviaron un mensaje al Salvador para informarle de la enfermedad de su hermano, en lugar de dirigirse de inmediato al lugar del dolor, como cabría esperar, se relata que «se quedó aún dos días en el lugar donde estaba». Transcurrido ese plazo, comunicó a los discípulos su intención de volver a Judea, lo que les llevó a decir: «Hace poco los judíos intentaron apedrearte, ¿y vuelves a ir allí?» Que al emprender semejante viaje se expondría al más inminente de los peligros, lo percibían con claridad; pero, viendo que estaba resuelto a ir, cesaron de disuadirlo. Entonces fue cuando Tomás pronunció las tiernas y conmovedoras palabras anteriores. Como si hubiera dicho: Lo que será de Él, si cae en manos de sus enemigos, puede preverse con facilidad; pero si le quitan la vida, resolvamos compartir su destino y estemos dispuestos a morir con Él.

En esta resolución se aprecian varias cosas, y de manera especial un espíritu de amor hacia el Redentor. Tomás tenía muchas flaquezas, unas propias de él y otras comunes a todos los discípulos. Si se recuerda que eran entonces sólo novicios, recién comenzando la vida divina, sus múltiples defectos no deberían suscitar nuestra admiración. No de golpe, sino por lo general de manera lenta y gradual, alcanzan las cosas su perfección. El robusto roble, contra el que en vano descargan las tormentas del Cielo su violencia, fue una vez un insignificante renuevo. El hombre más fuerte fue una vez un niño débil. El filósofo más profundo puede remontarse al tiempo en que se ocupaba en aprender sus letras y sus números.

Lo mismo ocurrió con los discípulos; al principio eran apenas unos niños, y la ignorancia y la testarudez de los niños manifestaron a menudo. Pero, a pesar de sus imperfecciones, es harto evidente que amaban sinceramente a su gran Maestro; cualesquiera que fueran sus flaquezas y sus caídas, sobre ese punto no hay lugar para la duda. Tal fue el caso de todos ellos, con excepción del traidor; y tal fue particularmente el caso de Tomás al dar expresión al dicho que tenemos ante nosotros. Muestra su disposición, no sólo a vivir con Cristo, sino a morir con Él, y con ello dejó patente un afecto fuera de lo común, un afecto que muchas aguas no podrían apagar y que ni la misma muerte podría destruir.

«¡Piel por piel! Todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida.» Y, sin embargo, ni aun nuestras vidas deberían sernos estimadas como preciosas, por amor a Cristo. Tal sacrificio deberíamos estar dispuestos a hacer antes que abandonarle o negarle. «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, y a su esposa y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.» Estas fueron las condiciones que el Salvador impuso cuando estuvo sobre la tierra, y siguen siendo tan vinculantes hoy como lo fueron al principio. Entre los demás estatutos de su reino, esta ley permanece sin derogar y sin alterar.

Puede que, es cierto, no se nos exija en realidad probar nuestro afecto a Él muriendo por Él; pero discípulos suyos no podemos serlo a menos que nuestros corazones estén en tal estado que nos impulsara a hacer esa entrega si nos fuera exigida. Debemos ser mártires en espíritu, aun cuando jamás se nos llamara a serlo de hecho.

¡Lector! Este tema debería llevar a un serio examen de sí mismo. «¿Me amas?» es una pregunta que os conviene ponderar muy ansiosa y fielmente, pues su importancia es indecible. Si, apelando a Aquel que conoce nuestros pensamientos más íntimos, puedes decir: «Sí, Señor, tú sabes que te amo», entonces eres verdaderamente bienaventurado. Y mientras una devota gratitud debería llenar tu alma, que se una a ella la ferviente oración de que seas arraigado y cimentado en el amor cada vez más, y así quedes capacitado para evidenciar su vitalidad, por severas que sean las pruebas a las que sea sometido.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Undying Attachment

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura