Cuando los judíos vieron las lágrimas que Jesús derramó junto a la tumba de Lázaro, su amigo, juzgaron acertadamente cuando dijeron: "¡Miren cuánto lo amaba!". Cuando vemos las gotas de sangre preciosa cayendo en el Calvario, cuando vemos la sangre brotando de Sus sienes traspasadas, de Sus manos y pies heridos y de Su costado, bien podemos decir: "¡Miren cuánto nos amó!". Tengan presente que el sufrimiento en el cuerpo, la vergüenza y el escarnio fueron apenas la menor parte de lo que Él soportó por nosotros. Su santa alma fue cargada con el peso de la transgresión humana. ¡Qué angustioso fue el conflicto, cuando tres veces oró en el huerto, para que, si fuera posible, pasara de Él la copa! ¡Qué grande fue la tiniebla interior de Su alma, cuando en la cruz surgió aquel grito sumamente grande y amargo: "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?". Se ha dicho: "Cristo recibió en Su propio seno cada flecha del aljaba de Dios, ¡y cada una sumergida en el veneno de la maldición!". Aquí, entonces, está el amor. En la sangre de la cruz encontramos la prueba de un amor que el hombre nunca antes pudo concebir: "Cristo murió por los impíos". Romanos 5:6 ¡Qué misterio de amor es este!
Fuente y atribución
Autor original: George Everard
Título original: Quotes from George Everard — 3
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de George Everard, publicado originalmente en Grace Gems.