La crianza cristiana

El amor que anhela el alma de tus hijos

El amor ferviente por el alma de los hijos como raíz de toda educación cristiana eficaz, expresado en oraciones de fe y vigilancia constante.

Al hablar, sin embargo, de medios —palabra quizá inadecuada— conviene usarla en su máxima extensión, no considerarla solo como un cierto orden de deberes, sino como el abrazo de toda la obligación del padre para con el hijo.

La primera y principal obligación es el Amor. Es de temer que la verdadera raíz del mal del que hablamos, poco que se sospeche, resida en una deficiencia aquí.

¡Los padres carecen de un profundo sentido del verdadero valor y del peligro de las almas de sus hijos! Desean y esperan que sean serios y piadosos; pero es una suerte de deseo débil e ineficaz; no ese deseo ardiente, esa ansiedad incesante que llenaba la mente del señor Richmond; no ese amor que hizo exclamar a Pablo: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros."

De estas esperanzas débiles y deseos lánguidos fluyen oraciones frías y formales, ofrecidas como un deber, no como el deseo más íntimo del alma. No hay lucha por los hijos con el "¡No te dejaré ir si no me bendices!" de la madre de Agustín. Tampoco son estas las oraciones de fe; ni puede esperarse que atraigan bendiciones, pues la promesa es: "Todo lo que pidiereis con fe, lo recibiréis." A menudo se ofrecen por mero sentido del deber, sin expectativa alguna y casi sin deseo sincero de que sean respondidas. Con impresiones tan débiles y tenues de las cosas celestiales, podemos esperar hallar a sus hijos aferrados firmemente al mundo. En proporción justa a como lo uno se subestima, lo otro con seguridad se sobreestima. Los intereses de la vida presente se buscan con afán, los de la eternidad se posponen: de ahí que se introduzcan toda clase de tentaciones.

Un padre cristiano había, una vez, llevado por perspectivas de progreso mundano, colocado a su hijo fuera del alcance de los medios públicos de gracia, y en medio de múltiples tentaciones. El hijo fue poco después de visita con su padre; y el padre oró, en su culto familiar, para que el muchacho fuera preservado en medio de los diversos peligros de su situación. El joven reflexionó: "¿Por qué mi padre me pone en la boca del diablo, y luego pide a Dios que no se permita al diablo devorarme?" Ciertamente, haber ocasionado tal reflexión en un hijo debió de ser muy doloroso para el padre.

El resultado de esta línea de conducta, mitad cristiana y mitad mundana, es criar una generación de jóvenes conocedores de las verdades de la religión, pero sin sentimiento alguno eficaz de su poder. Se hallan así en peor situación que los más ignorantes, pues el sonido del evangelio apenas puede llegar a estos sin algún despertar de la conciencia, mientras que en aquellos todo lo que se diga cae como mera repetición de lo que durante años se conoció plenamente, pero nunca se sintió profunda ni eficazmente.

El espíritu del señor Richmond, pues, su amor ferviente por las almas de sus hijos, su preocupación incesante, su vigilancia constante, sus oraciones diarias y de cada hora, no de forma sino de fe, ofrecen unidos un modelo al que la atención de los padres cristianos puede dirigirse con gran provecho.

El reposo en la forma de la piedad sin su vida y su poder es uno de los grandes peligros a que la iglesia está peculiarmente expuesta en este día de profesión general. Y los padres necesitan ser muy vigilantes para no fomentar inadvertidamente el autoengaño más peligroso en sus hijos, atribuyéndoles regeneración y conversión genuinas donde no ha habido más que sentimientos naturales excitados sin cambio espiritual real. Cuando los jóvenes no poseen más de lo que disposiciones naturalmente amables bajo la cultura religiosa pueden fácilmente producir, pronto son derribados en el mar agitado de las pruebas y tentaciones de este mundo. Guárdense los padres de hablar demasiado pronto de paz y de reposo a una mente despierta o a una conciencia atribulada.

Fuente y atribución

Autor original: Edward Bickersteth

Título original: Christian Parenting — parte 3

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Edward Bickersteth, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura