La gloria de lo cotidiano

El amor que transforma la herida en hermosura

Una vida marcada por la fealdad o la herida no está condenada: el amor, y sobre todo el amor de Cristo, puede reconstruirla en belleza, fortaleza y gozo celestial.

Cuenta la historia de una mujer distinguida que, cuando era niña, era tan poco agraciada que incluso su madre le dijo un día: «Mi pobre hija, ¡eres tan fea que nadie te amará jamás!». Las crueles palabras cayeron en el corazón de la niña, pero en lugar de amargarla surtieron justamente el efecto contrario. Se propuso que, si su rostro era feo, haría de su vida algo tan hermoso que la gente la amaría. Empezó a ser amable con todos, a ser cariñosa, atenta, dulce y servicial. Nunca llegó a tener facciones hermosas, pero sí se convirtió en el ángel bondadoso de la comunidad en la que vivía. Fue el amor en su corazón el que transformó su vida y la salvó del desaliento absoluto.

Así también, hay quienes han sufrido algún daño en su vida y parecen condenados a cargar con su marca o su herida todos sus días, pero a quienes el amor de Cristo aún puede restaurar en belleza y fortaleza. No hay vida arruinada que Él no pueda reconstruir hasta hacerla hermosa. No hay defecto que Él no pueda convertir en utilidad. Saber que Cristo, desde su trono de gloria, se compadece de nuestras debilidades y de nuestras flaquezas, infunde en el corazón un secreto nuevo de gozo que transformará la vida más sombría en alegría celestial.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: "My poor child, you are so ugly that no one will ever love you!"

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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