Pensamientos vespertinos

El amor voluntario de Cristo al entregarse por nosotros

Cristo sufrió de manera totalmente voluntaria; su obediencia libre y amorosa hizo perfecto su sacrificio y manifiesta el amor sin medida que se entregó por su iglesia.

Nuestro Señor Jesucristo sufrió de la manera más voluntaria. En ello consistió en gran parte la perfección de su sacrificio. Su muerte penal no habría tenido eficacia expiatoria sin esa obediencia dispuesta y el mérito divino que encerraba. Habría sido injusto infligir castigo sobre una persona inocente y no dispuesta. La plena y libre concurrencia de su propia voluntad era esencial a la perfección de su sacrificio. Sí, de no haber sido del todo libre, y obrando en perfecta armonía con el consentimiento del Padre, nuestros pecados no habrían podido serle imputados ni el castigo ejecutado sobre Él. Entrando, pues, con la mayor libertad en un vínculo para cancelar la inmensa deuda, fue justo en Dios, fue justo en la justicia, y revistió al trono del eterno Jehová de gloria sobresaliente, arrestar al Fiador en ausencia del deudor y exigirle el pago hasta lo último.

Aquí, lector mío, está el gran punto al que deseamos conducirte: el amor admirable de Jesús al sufrir tan voluntariamente, «el Justo por los injustos». ¡Oh, con cuánta prontitud se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz! «El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado; sí, tu ley está en medio de mi corazón.» «Tengo un bautismo con que ser bautizado; ¡y cómo me angustio hasta que se cumpla!» «El cual se dio a sí mismo por nosotros.» «Cristo también nos amó, y se dio a sí mismo por nosotros.» Este es el manantial de todo cuanto Él ha hecho: «Cristo nos ha amado.» Constreñido por este amor, se dio a sí mismo como Hijo de Dios y como Hijo del hombre; su alma y su cuerpo, su vida y su muerte, sí, todo cuanto poseía en el cielo y en la tierra, lo dio libremente por nosotros. ¿Qué retuvo? ¿Qué parte del precio reservó? Cuando no pudo dar menos —pues todos los ángeles y todos los hombres no habrían bastado— y cuando no pudo dar más, se dio a sí mismo. ¡Ah! Esto hizo de su «ofrenda y sacrificio a Dios un olor fragante», y aún perfuma la oblación.

¡Oh, amor soberano de Jesús! Con la carga del pecado, el fuego de la justicia, la ira de Dios, el escarnio del hombre, la malicia de los demonios, los dolores de Getsemaní, los tormentos del Calvario y el mar de su propia sangre, todo, todo en vívida perspectiva ante Él, aun así avanzó, amando no su propia vida hasta la muerte, porque amó más la nuestra. Que tu corazón se postre ante este amor admirable. Cede a su dulce y atrayente influjo; deja que te aparte de ti mismo, de la criatura, de todo, hacia Él. ¿Estás herido? ¿Sangra tu corazón? ¿Está abatida tu alma dentro de ti? ¿Desolado tu espíritu? Aun así Jesús es amor, es amante y te ama. Él ha padecido y muerto por ti; y, de ser necesario, padecería y moriría por ti una vez más. Cualquier bendición que Él juzgue bueno quitarte, a sí mismo nunca te quitará. Sea cual fuere el río de amor humano que Él seque, su propio amor nunca faltará. Permanece quieto, pues; bebe la copa, y que la entrega de tu pecado, tu obediencia y tu entero ser a Él sea tan dispuesta y cabal como lo fue la entrega de sí mismo por ti. Entonces podrás, en bendita medida, ser «capaz de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - September 13

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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