Porciones diarias

El anhelo de ser hallado en Cristo el día final

El apóstol sabía que se acercaba el día en que los secretos de todos los corazones serían revelados, y por eso anhelaba ser hallado en Cristo, el único refugio seguro.

El apóstol sabía que vendría un tiempo en que Dios escudriñaría a Jerusalén como con cirios. Sabía que se acercaba un día en que los secretos de todos los corazones serían revelados. Sabía que llegaba una hora en que los ojos del Señor probarían, y los párpados del juez justo pesarían las palabras y las acciones de los hombres. Y sabía, por la experiencia de su propia alma, que todos los que en aquel día terrible no fueran hallados en Cristo serían consignados al abismo eterno de dolor.

Sabía que cuando el juez se sentara en el gran trono blanco, y el cielo y la tierra huyeran de su presencia, nadie podría estar firme ante su mirada de justicia infinita y pureza eterna, sino aquellos que tuvieran un arraigo vital en el Hijo de Dios. Por tanto, mirando hacia aquel tiempo terrible y las solemnidades de aquel día del juicio, aquel día de maravillas, este era el deseo de su alma, y hacia ello se lanzaba, como un corredor activo se lanza hacia la meta: «que fuera hallado en él»; que cuando el Señor venga por segunda vez a juicio, y sus ojos recorran las miríadas reunidas, él pudiera ser hallado en el hombre que es «refugio contra la tempestad, y sombra de una gran peña en tierra cansada», el único Salvador de la ira venidera que un día estallará sobre el mundo.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: December 18

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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