«¡Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz!» Mateo 27:40
Todavía se repite con demasiada frecuencia la antigua burla.
Este es el clamor del alma que no se conoce a sí misma. No comprende su propia gran pecaminosidad y necesidad, ni tampoco la justicia y la santidad del Dios con quien tiene que tratar. Vive en el paraíso de los necios y no anticipa peligro alguno. Es como los ciudadanos de Pompeya, gozosos con la alegría de la ciudad, sin pensar jamás en la ruina que el volcán traería. Así no ve necesidad urgente alguna para la agonía del Salvador en la Colina del Oprobio, ni para el Árbol maldito.
Este es también el clamor del alma justa por sí misma. Cree que puede merecer y lograr su propia salvación. No quiere estar en deuda, del primero al último, con el hacer y el morir de Otro. Rehúye contarse entre los primeros de los pecadores, que todo lo deben a la sangre preciosa del Cordero de Dios. Es viajero hacia un El Dorado que no logra descubrir, pero no quiere admitir su incapacidad y su fracaso. Por eso tiene su contienda con el Calvario y con el que allí sufre.
Y este es el clamor del alma indulgente consigo misma. Siente poco amor por un Salvador que la convoca a participar de sus dolores. Retrocede ante aquel severo mandamiento suyo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Se aferra con ansia a su propia comodidad y a la religión tibia e indecisa de la mayoría. Así querría tener un Redentor que no beba la copa amarga.
De la superficialidad espiritual,
de la soberbia espiritual,
de la pereza y la comodidad espirituales
— ¡oh Señor, líbrame!
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Matthew 27:40
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.