El trono de Rusia estuvo una vez ocupado por dos jóvenes príncipes. Se sentaban uno al lado del otro y emitían sus decisiones sobre las cuestiones más graves. Sus juicios eran tan sabios y justos que los hombres se maravillaban de que príncipes tan jóvenes e inexpertos pudieran saber tanto de asuntos de Estado, o hablar con tanta discreción sobre cuestiones tan difíciles. Pero el secreto era que, justo detrás del trono donde ellos se sentaban, oculta por una fina cortina, estaba la princesa Sofía. Ella escuchaba los casos que les eran presentados y daba las decisiones que ellos emitían. Remitían a ella cada cuestión y esperaban hasta que les susurraba la sabia respuesta que luego comunicaban.
De igual manera, la Palabra de Cristo debe habitar ricamente en nuestro corazón. Debemos remitir cada asunto al Espíritu Santo y esperar Su decisión. Entonces, lo que Él nos mande hacer, eso haremos. Así Cristo gobernará cada pensamiento, cada sentimiento y cada afecto. Él resolverá cada punto de deber. Se sentará como el árbitro infalible en todas las cuestiones de la vida diaria: del deber, de las relaciones, de las recreaciones, de los negocios.
«Tengo más entendimiento y una comprensión más profunda que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.» Salmo 119:99
«¿Cómo puede un joven mantener puro su camino? Viviendo conforme a tu palabra.» Salmo 119:9
«La palabra de Cristo habite ricamente en ustedes, enseñándose y exhortándose unos a otros con toda sabiduría.» Colosenses 3:16
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The infallible umpire
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.