Aspiraciones celestiales

El auxilio angélico en la angustia del Salvador

En la agonía de Getsemaní, un ángel fortaleció al Salvador, mostrando que ni la Cabeza divina fue dejada sin consuelo, ni el más débil de sus miembros lo será.

"Y se le apareció un ángel del cielo que le fortalecía." Lucas 22:43

Durante su tránsito terrenal, el Salvador no solo fue "visto por los ángeles", sino que ellos le asistieron con frecuencia y le prestaron los servicios que sus circunstancias requerían. En el relato de su tentación se afirma: "Entonces el diablo le dejó, y he aquí, ángeles vinieron y le servían." En aquella ocasión aparecieron varios de aquellos seres gloriosos; pero en el huerto hubo solo uno. Probablemente fue Gabriel, quien fue honrado al anunciar su nacimiento, y cuyo puesto distinguido entre las jerarquías celestiales se evidencia por el hecho de que está en la presencia especial de Dios. Pero fuera él, u otro espíritu resplandeciente, podemos estar seguros de que no había ni uno entre las huestes innumerables que no hubiera codiciado el oficio de sostener a su gran y bondadoso Señor en su angustia.

Puede parecer algo extraño, dado que el Salvador era una persona divina, que su naturaleza humana no hubiera sido sostenida por la naturaleza superior con la cual estaba unida, en lugar de por medio de una criatura que sus propias manos habían hecho. Sin embargo, parece que le fue necesario someterse a todas las condiciones de la humanidad; que debiera ser probado y tentado por un lado, y consolado y sostenido por otro, tal como nosotros lo somos; que no aprovechara, por así decirlo, su divinidad, sino que fuera sometido, en todas las cosas, al común destino de los hombres, con la única excepción del pecado. Y ya que soportó el sufrimiento como hombre, y recibió consuelo como hombre, no hay nada incongruente en que obtuviera ayuda de uno de aquellos espíritus ministradores que son enviados para servir a los herederos de la salvación.

Pero ¿cómo fortaleció este ángel al Redentor? No bebiendo porción alguna de aquella copa amarga, cuya remoción él había rogado con tanta insistencia. No aliviándolo de la menor parte de la opresiva carga que a él exclusivamente le correspondía llevar. Una sola gota de aquella mezcla espantosa habría sido veneno mortal para este visitante celestial, y el fragmento más pequeño de aquella pesada carga lo habría hundido hasta el más profundo infierno. ¿Qué hizo, pues? Quizá enjugó el sudor de su frente pálida y las lágrimas de sus ojos que fluían. Pudo haber extendido su brazo y levantado con delicadeza al sufriente agonizante del frío suelo, y haberle ofrecido su pecho compasivo, sobre el cual aquella cabeza doliente pudiera hallar un breve reposo. O quizá lo fortaleció recordándole algunas de aquellas grandes y preciosas promesas que le habían sido dadas, presentando así ante su mente los resultados inefablemente gloriosos en que sus padecimientos finalmente habrían de culminar.

Es posible, sin embargo, que la sola presencia del ángel hubiera producido tal efecto; pues, al venir como mensajero de su Padre celestial, aun su apariencia debió de ser consoladora en grado extraordinario. Todos sabemos qué energía comunica al alma, en medio de la angustia profunda, tener a un amigo amante a nuestro lado; muchas una agonía amarga ha sido aliviada por su sola mirada. ¡Cuán a menudo, especialmente, han sentido los moribundos al estrechar la mano de un compañero querido, que tal consideración compasiva es eminentemente dulce y reconfortante! Así, la visita de este ángel, con independencia de cualquier ayuda efectiva, no podía menos que ser fuente de refrigerio para el Salvador. Fue para él un claro testimonio de la aprobación de su Padre; mostró el profundo interés que las principalidades y potestades del cielo tomaban en sus pesares; y fue una especie de anticipo de aquella bienvenida transportadora con la que su obediencia hasta la muerte habría de ser recompensada muy pronto.

El sostén entonces proporcionado fue peculiarmente oportuno; fue verdaderamente "socorro a tiempo de necesidad." Y así como la gran Cabeza no fue dejada sin consuelo, tampoco lo será el más débil de sus miembros. Así fue llevado a conocer por experiencia el valor de tales intervenciones oportunas, y se ha capacitado más plenamente para ejercer, hacia sus seguidores, el oficio que el ángel asumió para con él. "Por eso era preciso que se hiciera semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en el servicio a Dios, y para expiar los pecados del pueblo. Pues por cuanto él mismo padeció al ser tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados."

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Angelic Assistance

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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