Juan se hallaba en aquel tiempo en la cárcel; sus circunstancias, su carácter y la naturaleza del mensaje que había sido enviado a entregar llevaban a quienes estaban particularmente unidos a él a observar frecuentes ayunos. Cristo los remitió al testimonio que Juan dio de él, Juan 3:29. Aunque no hay duda de que Jesús y sus discípulos vivían de manera austera y frugal, no sería propio que sus discípulos ayunaran mientras disfrutaban del consuelo de su presencia. Cuando él está con ellos, todo está bien. La presencia del sol hace el día, y su ausencia produce la noche. Nuestro Señor además les recordó las reglas comunes de la prudencia. No era usual tomar un trozo de tela áspera de lana, que nunca había sido preparada, para unirlo a un vestido viejo, pues no se uniría bien con el vestido viejo y suave, sino que lo rasgaría aún más, y el desgarro se haría peor. Tampoco los hombres echarían vino nuevo en odres viejos de cuero, que estaban a punto de deteriorarse, y que podrían reventar por la fermentación del vino; sino que, echando el vino nuevo en odres nuevos y fuertes, ambos se conservarían. Se requiere gran cautela y prudence, para que los conversos jóvenes no reciban ideas sombrías y desalentadoras del servicio de nuestro Señor; sino que los deberes han de urgirse en la medida en que sean capaces de sobrellevarlos.
Cristo resucita a la hija de Jairo, sana a la mujer con flujo de sangre
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 9:14-17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.