Porciones diarias

El buen soldado que aprende en las penalidades

El hijo de Dios no es siempre mecido con consuelos; como un soldado, debe soportar privaciones y heridas, y solo así aprende el arte de la guerra espiritual bajo los pendones del Señor.

A menudo caemos en estados y disposiciones de ánimo en que necesitamos algo más que consuelo. Un niño no crecería si siempre se le alimentara con dulces. Ha de tener ejercicio, exponerse al clima, recibir los vientos fríos en su rostro y endurecerse, para poder soportar el invierno helado y las escarchas penetrantes.

Así, el hijo de Dios no es siempre mimo ni alimentado con pruebas de amor. No siempre es llevado en el seno cálido ni amamantado en los pechos del consuelo, sino que ha de aprender lecciones que le capaciten para ser soldado. El soldado, como sabemos, ha de soportar penalidades. Ha de yacer toda la noche sobre la hierba húmeda; sufrir el hambre que le oprime, la sed que le abrasa y el frío que le muerde; hacer marchas exigentes; oír el rugido del cañón y el silbido de las balas, el trueno de los capitanes y el grito; ver el destello del sable alzado para abatirlo y el brillo de la bayoneta en su pecho, y sentir heridas dolorosas y peligrosas.

Así el soldado espiritual en el campamento de Dios. Ha de padecer hambre y sed, frío, desnudez y duras privaciones, ser blanco de las flechas de la calumnia y los dardos de fuego de Satanás, hacer marchas exigentes por tierra enemiga, sufrir heridas dolorosas, y por estos mismos ejercicios aprender a ser soldado. Solo en la medida en que es ejercitado espiritualmente puede aprender el arte de la guerra, saber cómo pelear y batallar eficazmente bajo los pendones del Señor contra los enemigos de su salvación.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: April 17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura