La vida de Cristo para cada día

El camino de Pedro y la gracia suficiente para el final

Nadie puede prever la manera de su muerte, pero Cristo reveló a Pedro la suya: la cruz, dolorosa y vergonzosa, pero la más honrosa al seguir a su Maestro.

Ninguno de nosotros puede prever cuál será la manera de su muerte. No sabemos si será natural o violenta, repentina o prolongada, dolorosa o comparativamente fácil; ni siquiera sabemos con certeza que habremos de morir, pues algunos permanecerán hasta la venida del Señor y serán arrebatados para encontrarse con él en el aire. Dios, en su bondad y en su sabiduría, ha ocultado el futuro a sus criaturas, incluso aquellas cosas que más de cerca les conciernen. Pero en ocasiones se aparta de su curso habitual. En ira reveló a Joram, rey de Judá, la manera de su muerte: llegó un escrito del profeta Elías que describía la terrible enfermedad que abreviaría sus días (2 Crónicas 21:15). En amor, Jesús reveló a Pedro la manera de su muerte. Fue la más dolorosa y la más vergonzosa, pero también la más honrosa, porque fue la muerte que su Maestro había padecido: la crucifixión. La Biblia no contiene relato alguno del suceso, aunque comúnmente se ha transmitido que tuvo lugar en Roma.

Si cuando Pedro comenzó a seguir al Señor hubiera sabido que sería llamado a soportar tan amargos sufrimientos por su causa, el anuncio podría haberlo abrumado de terror. Pero desde entonces su alma había sido fortalecida, y estaba dispuesto a afrontar pruebas que antes lo habrían espantado. En su segunda epístola habla con serenidad de su muerte: "Sabiendo que en breve debo dejar mi tabernáculo, como también nuestro Señor Jesucristo me lo ha declarado" (2 Pedro 1:14). Dios puede hacer que los acontecimientos que antes parecían terribles resulten tolerables, e incluso deleitosos, para el alma. Puede haber grandes pruebas reservadas para algunos de nosotros. Si conociéramos ahora cuáles son, tal vez dijéramos: "No podemos soportarlas." Pero Dios nos capacitará para llevar todo cuanto ha dispuesto que suframos. Respondió a las oraciones de Pablo pidiendo liberación de su aguijón con estas palabras: "Mi gracia te basta." Su gracia también nos basta a nosotros.

Parece que el Señor pronunció la profecía concerniente a Pedro en presencia de los demás discípulos; pero después lo llamó para apartarse con él. Animado por el favor que se le mostraba, Pedro se atrevió a preguntar al Señor qué sería de Juan, que les seguía los pasos. Era natural que esperara una respuesta, pues en la última cena, cuando había pedido a Juan que indagara quién traicionaría al Señor, se le había concedido una respuesta. Pero había una gran diferencia entre ambas preguntas. La ansiedad por eximirse del horrendo crimen que uno de ellos cometería llevaba a todos los apóstoles fieles a desear saber quién era el traidor. Pero fue la curiosidad lo que indujo a Pedro a preguntar ahora: "¿Qué de este hombre?" Tal curiosidad requería un correctivo. No hay nada revelado en las Escrituras que sacie la curiosidad. El hombre quisiera conocer la historia de los ángeles, pero solo se le narra su propia historia, pues sólo ésta le concierne; quisiera saber quiénes habitan los mundos suspendidos en los cielos, pero solo se le dice quién es él mismo. No es la curiosidad lo que hace a los cristianos desear conocer todo cuanto Jesús hizo. El amor nos lleva a desear oír todas sus palabras y a conocer los pormenores de todas sus acciones. Pero era imposible que todo quedara escrito en un solo libro. ¿Llegaremos a conocer algún día todos esos hechos interesantes? Si somos hechos dignos, por la sangre de Jesús, de entrar en su reino de gloria, podremos oír de labios de los apóstoles circunstancias que sus plumas no consignaron. Los ángeles fueron testigos de escenas donde los apóstoles no estuvieron presentes; más adelante, aquellos santos observadores podrán describir acontecimientos ocurridos entre las verdes colinas cercanas a Belén, en las llanuras calurosas de Egipto, en la morada humilde de Nazaret y en las riberas sombreadas del Jordán, entre las cavernas lúgubres del desierto y sobre la cima dolorosa del Monte de los Olivos, acontecimientos que ningún oído mortal ha escuchado todavía. ¿Y no podría el Señor Jesús mismo condescender a revelar a su pueblo algunos pasajes de su vida y algunos sentimientos de su corazón, conocidos sólo por Él?

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: to end. Christ foretells the manner of Peter's death

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura