Hay algunos que son como lo que se fábula del cisne. Los antiguos decían que el cisne nunca cantaba en su vida, sino que siempre cantaba justo al morir. Ahora bien, hay muchos de los hijos desalentados de Dios que parecen ir toda su vida bajo una nube; pero obtienen un canto de cisne antes de morir. El río de su vida corre, quizá negro y lodoso por las tribulaciones, y cuando comienza a tocar la blanca espuma del mar, surge un pequeño destello en sus aguas. Así, amados, aunque hayamos estado muy desanimados a causa del peso del camino, cuando lleguemos al final tendremos dulces cantos.
¿Temes morir? ¡Oh! Nunca temas eso; teme vivir. Vivir es lo único que puede causar daño; morir nunca puede hacerle daño a un cristiano. ¿Temes la tumba? Es como el baño de Ester, en el que ella yació por un tiempo, para purificarse con especias, a fin de estar dispuesta para su señor. La tumba dispone el cuerpo para el cielo. Allí yace: y la corrupción, la tierra y los gusanos, sólo refinan y purifican nuestra carne. No temas morir; no toma tiempo alguno. Todo lo que es la muerte es emancipación, liberación, la dicha del cielo para un hijo de Dios. Nunca la temas; será un tiempo de canto.
Tienes miedo de morir, dices, a causa de los dolores de la muerte. No, son dolores de la vida, de la vida que lucha por continuar. La muerte no tiene dolor; la muerte misma es sólo un suave suspiro: la cadena se rompe, y el espíritu queda libre. El mejor momento de la vida de un cristiano es el último, porque es el que está más cerca del cielo; y entonces es cuando comienza a entonar la nota fundamental del canto que interpretará por toda la eternidad.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: Spurgeon Gems — The Song of Death
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.