Hay una historia de pájaros cantores que eran transportados por el mar. Eran treinta y seis mil, en su mayoría canarios. Al principio, después de que el barco zarpó, el mar estaba tranquilo y los pájaros guardaban silencio. Mantenían sus pequeñas cabezas bajo las alas y no se oía ni una nota. Pero al tercer día de navegación el barco se encontró con una furiosa tempestad. Los pasajeros estaban aterrados, y los niños lloraban. Entonces ocurrió esta extraña cosa. A medida que la tempestad alcanzaba su punto más alto, todos los pájaros comenzaron a cantar, primero uno, luego otro, hasta que los treinta y seis mil cantaban como si sus pequeñas gargantas fueran a estallar!
Eso es lo que nosotros los cristianos deberíamos hacer. Cuando comienza la dificultad, cuando las nubes del dolor se reúnen y se desatan, cuando la tormenta se levanta en toda su furia, ¿comenzamos entonces a cantar? Si comprendiéramos plenamente y creyéramos las promesas de Dios, ¿no brotaría nuestro canto con una alegría diez veces mayor cuando comienza la tempestad? Pero en lugar de ello, nos asustamos ante las menores dificultades, nos irritamos y nos volvemos descontentos cuando alguna esperanza fracasa. Nos impacientamos ante los pequeños sufrimientos, nos quejamos y nos lamentamos, y la luz del sol se apaga en nuestro rostro y el gozo en nuestra voz.
«Dios mi Hacedor, que da canciones de gozo en la noche» Job 35:10
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Then this strange thing happened
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.