¡Cuán grande es la dignidad y cuán precioso el privilegio de los creyentes castigados! Son hijos de Dios. «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios». Los ángeles, brillantes y sin pecado, no están tan cercana y entrañablemente vinculados a Dios como ellos. ¡Admirable amor el suyo, que no tuvo por deshonra llamarlos hijos y llamarse su Padre a los que por naturaleza eran hijos de ira y siervos del pecado! Busca, lector cristiano, conocer esa dignidad, disfrutarla y vivir conforme a ella. Si nunca el Espíritu ha sellado la adopción en tu corazón, no le des descanso hasta que lo haga. Si, en la santa y humilde confianza de la fe, nunca ha subido un «Abba, Padre» a tus labios, ya es hora de que lo haya. Búscalo con insistencia, búscalo con fe, y lo tendrás. Como amados, pues, a quienes el Señor reprende y castiga, sea nuestra conducta la de hijos, así como su disciplina es la de un Padre. Recibamos la corrección con mansedumbre y oigamos la voz del Señor con reverencia.
Y para nuestro consuelo, no olvidemos que todos los castigos de los hijos de Dios son de este lado del cielo. No así con los impíos. ¡Alma no convertida! Puedes reír ahora, divertirte ahora, regocijarte ahora, pero recuerda: tu castigo está por venir, tu condenación está por venir, tus azotes están por venir. Hay solo un paso entre tú y la perdición. ¡Oh momento feliz si el Espíritu bendice la lectura de estas líneas y despierta en ti una búsqueda sincera y fervorosa del Señor! Renuncia a tus dilaciones, a tus excusas mundanas, al sueño de un arrepentimiento en el lecho de muerte; y, dejándolo todo a un lado, acude como pobre pecador perdido a Cristo, clamando: «Soy un moribundo; necesito un Salvador». Pero ningún dolor futuro aguarda a los hijos de Dios más allá del sepulcro. Son castigados ahora para no ser condenados después. Todo lo venidero es gozo y pureza. «Enjugará Dios toda lágrima de sus ojos». Aprende, pues, que no eres menos objeto del amor de Dios porque Él te corrija. Si la sospecha ha oprimido tu corazón —«No puede amarme y, sin embargo, acercar a mis labios este cáliz amargo»—, calla ese murmullo. Y, con las palabras de tu Cabeza sufriente, di: «¿El cáliz que mi Padre me dio, no lo beberé?».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - November 30
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.