"Estoy puesto en estrecho entre dos cosas: tengo el deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor." Filipenses 1:23
"Estar con Cristo" es una expresión breve, ¡pero cuán profunda y abarcadora! En ella queda resumida la consumación plena y final de las esperanzas y expectativas del creyente. Exponer todo lo que entraña está más allá de los máximos alcances de los intelectos más santificados y elevados; y, sin embargo, pueden darse algunos destellos tenues de lo que la frase contiene.
Una cosa que entraña estar con Cristo es habitar en el lugar en que Él habita. En esta representación se implica evidentemente una unidad de lugar. A la pregunta: "¿Dónde habita Jesús?", solo podemos decir que "ascendió muy por encima de todos los cielos, para llenarlo todo." Habiendo ido al Padre, habita en el lugar alto y santo, un lugar donde hay plenitud de gozo, y donde ríos de deleite fluyen para siempre. En qué parte de sus amplios dominios está situado — no se nos ha revelado; no sabemos dónde está erigido el glorioso y alto trono en que Él se sienta; pero dondequiera que esté el lugar de la habitación del Redentor — esto sí lo sabemos: que allí son conducidos su pueblo al ser despedidos del estado presente. "Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis." Juan 14:3
Incluye también una visión clara y perfecta de Cristo. Esto es un paso más allá del punto anterior. Es posible habitar en el mismo país, el mismo reino, o incluso la misma ciudad, que otra persona — y, sin embargo, ver poco de ella. Por tanto, mientras la expresión implica una unidad de lugar en cuanto a la morada de Cristo y de su pueblo, implica además que habrán de morar en la presencia inmediata el uno del otro.
El creyente conoce algo de lo que es contemplar la gloria del Salvador en la tierra; ¡pero ¿qué será contemplarlo en el Cielo! Lo veremos "tal como ÉL es"; no como fue — un varón de dolores, experimentado en quebranto, objeto de escarnio, escarnecido, abofeteado y coronado de espinas. Sino que lo veremos tal como Él es — en las glorias sin igual de su persona, y en el deslumbrante esplendor de su trono. ¡Y oh! ¿qué será "ver al Rey en su hermosura"? ¡Oh! ¿qué será "contemplar su rostro en justicia, y quedar satisfechos al despertar a su semejanza"? Pero aunque supera nuestras concepciones presentes — ¡es una dicha que toda su familia redimida está destinada a gozar! "Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy, y contemplen mi gloria, que me has dado."
Estar con Cristo incluye, una vez más, gozar de comunión y compañerismo con Él. La comunión con Cristo es la principal fuente de la felicidad de su pueblo en la tierra.
Este es el alimento que han de comer, del cual el mundo nada sabe.
Es el gozo que poseen, con el cual un extraño no puede entrometerse.
Es el honor que disfrutan, que proviene solo de Dios.
Pueden ser mirados con desdén por un mundo impío; pueden ser llamados necios y entusiastas — pero esto compensa todo: "tienen comunión con el Padre, y con su Hijo Jesucristo." Pregúntese al noble ejército de apóstoles, confesores y mártires, que hubieron de sellar su testimonio con su sangre — si no es así. Pregúntese a los Daniel que fueron arrojados en fosos de leones; pregúntese a Sadrac, Mesac y Abed-nego, que fueron lanzados en hornos de fuego ardiente — si la presencia de Cristo no fue suficiente aun allí. Aquellos desterrados y proscritos, que hubieron de vagar por desiertos y cavernas de la tierra, hallaron en la promesa: "Ciertamente, yo estoy con vosotros", una amplia compensación por todas sus privaciones y aflicciones.
Pero si tal es la bienaventuranza de la comunión con Cristo aquí abajo — ¡entonces ¿qué será mantener con Él arriba una comunión ininterrumpida y que nunca acaba! Quienes han gozado algo de lo uno — imaginen si pueden qué será realizar lo otro. Quienes han hallado tan dulce sentarse a los pies del Salvador — procuren imaginar qué será postrarse con santos y ángeles ante su trono. Quienes han hallado bueno rodear su mesa, tomar de la copa sacramental en conmemoración de su amor moribundo — esfuércense por concebir qué será beberla nueva con Él en su reino. Quienes, en una palabra, han sacado con gozo agua de los arroyos de las ordenanzas del evangelio — imaginen si pueden qué será sumergirse en el río desbordante, aquel río de vida, claro como el cristal, que fluye del trono de Dios y del Cordero. Bien puede preguntar el poeta:
"Si tales son las vistas que la gracia despliega,
débil como es aquí abajo;
¡qué arrobamiento debe tener la iglesia arriba
en la presencia de Jesús!
Si tal es la dulzura del arroyo,
¡cuál no será la fuente,
donde santos y ángeles sacan su dicha,
directamente de Ti!"
Oh alma mía, sea tu gran preocupación ser hallado en Cristo, alimentarte de Él, y vivir para Él en la tierra. Podrás entonces abrigar una buena esperanza por gracia, de que morarás para siempre con Él en el Cielo.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Christian's Heaven
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.