Consuelo para peregrinos

El cielo es el hogar donde toda tristeza desaparece para siempre

La tierra es morada de aflicción, pero el cielo es un mar de dicha sin turbulencia. Allí Jesús brilla sin velo, y contemplarle es la cumbre del gozo eterno del creyente.

La tierra es el hogar de la aflicción.

Un tropel de pesares nos rodea por doquier.

Los ojos derraman lágrimas.

El pecho exhala suspiros.

La frente se surca con los surcos del cuidado y la preocupación.

La muerte arrebata al amigo muy amado.

La enfermedad invade el cuerpo.

El hogar queda desolado.

La mesa aparece desprovista.

Miramos a la mano derecha, y allí está la tribulación; a la izquierda, y aún se ciñen nuevas dificultades.

Pero el cielo es un mar inmenso de dicha sin la menor ondulación.

Toda lágrima es enjugada.

Todos los rostros resplandecen con una sola sonrisa de arrobamiento.

Todos los labios confiesan: «La copa de la dicha rebosa».

Nos bañamos en océanos de deleite.

En el cielo... el pecado queda excluido; las tentaciones desterradas; los temores sepultados en una tumba insondable; la tristeza y la incredulidad han huido; el conocimiento es perfecto; nuestras almas son pureza; nuestros cuerpos son hermosura imperecedera; compartimos plenamente la gloria de nuestro gloriosísimo Señor.

¡Jesús es la corona del cielo! ¡Esta es la cumbre de la dicha! La revelación del Señor, sin una nube que se interponga, es la gran gloria del reino sin fin. El cielo es cielo pleno porque Cristo resplandece allí tal cual Él es; visto y admirado por todos los ojos.

En el cielo Jesús se mantiene siempre conspicuous en un fulgor jamás menguante.

Creyente, ¡qué será contemplar la hermosura manifestada de Aquel que es tan completamente amable!

¡Qué! leer con claridad todos los profundos misterios de su voluntad redentora.

¡Qué! descender a las profundidades vastas de su corazón insondable.

¡Qué! remontarse hasta la misma cumbre de su amor sin límites.

¡Qué! rastrear con claridad todos sus tratos en la providencia y la gracia.

¡Qué! comprender todo lo que Jesús es.

¡Qué! no perderle jamás de vista; no, ni por un instante.

¡Qué! beber siempre nuevos arrobamientos de su presente sonrisa.

¡Qué! sentir que este gozo es mío para siempre.

¡Esto! ¡esto es el cielo!

Fuente y atribución

Autor original: Henry Law

Título original: What!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.

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