¿Qué es la justicia propia del hombre, la mejor que jamás haya podido forjar, sino el tallado de un cisterno creado en lugar de la fuente infinita? Su obediencia, en el mejor de los casos, ha de ser parcial e imperfecta; y, al fallar en un solo punto, arrastra al alma al desespero eterno, pues quien guarda toda la ley y tropieza en un precepto es culpable de todos. No solo es un cisterno estrecho y de poca hondura, sino también un cisterno roto: no puede contener agua de vida ni de paz, de consuelo ni de gozo. En vano el espíritu, atormentado por la culpa y agitado por el temor, acude a él buscando satisfacción y reposo; nada halla allí.
Imagina al hombre que busca la salvación por la ley en el día más santo de su vida, lo más libre del pecado que una criatura caída pueda alcanzar, lleno de deberes religiosos y servicios. Al caer la noche, ya en su lecho, lanza una mirada al mundo eterno y piensa en el Dios santo, en la ley justa, en el solemne juicio, y se pregunta: ¿Qué si esta noche fuere llamado a comparecer ante mi Juez? ¿Qué si el sol de mañana alumbrase mi cadáver, y yo, espíritu ya partido, me hallase entre las realidades temibles del mundo invisible? Y tiembla y palidece. ¿Acaso su mejor obediencia, su día más santo, su observancia más rigurosa, no le trajeron paz a la conciencia ni quietud al alma? ¡Ah, no! Ha abandonado la fuente de aguas vivas y se ha cavado un cisterno roto que no retiene agua, y su noche se cierra con el manto de un lóbrego desaliento.
A ti, lector, se dirige hoy esta solemne palabra. ¿No ha habido en tu corazón, mientras leías, la secreta convicción de su verdad? Has dejado la justicia de Dios y por años has estado cavando en la ley, esperando hallar en su observancia algún manantial de vida y paz. Pero tu afán ha sido en vano, porque por las obras de la ley nadie será justificado. Vuelve la espalda al canal de la justificación por la fe, y no habrá paz para tu alma. Abandona para siempre las herramientas de una justicia tejida por ti mismo, y tal como eres, pobre, culpable, vil, desvalido y sin esperanza, acude a la justicia de Dios, que es por la fe de Jesucristo. La ley es un cisterno roto; el Señor Jesús, en cambio, es fuente viva, el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree. Bebe de esa fuente que da vida: allí están la paz, el gozo, la confianza y la esperanza. Vestido de esta justicia, podrás mirar de frente tus pecados y la muerte, sin temer nada.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - June 5
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.