Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

El clamor de Cristo en la cruz revela el misterio de su abandono

En la cuarta palabra desde la cruz, Jesús clama al sentir ausente el rostro del Padre. Su fe permanece firme en la oscuridad, mostrándonos cómo confiar cuando todo se vuelve negro.

Esta fue la cuarta palabra del Salvador en la cruz. Es demasiado misteriosa para ser explicada, y solo podemos contemplarla con el corazón sobrecogido durante un instante. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» No fueron los clavos en su carne, ni los insultos de los enemigos que se burlaban, ni la ignominia de la cruz, sino el hecho de que Jesús, por un momento, había perdido el sentido de la presencia del Padre, lo que hizo el dolor de aquella hora tan profundo.

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» ¿Qué había hecho Él, el Hijo amado, para que el Padre lo abandonara? No habría parecido tan extraño si hubiera abandonado a los ángeles o a los santos que viven en la gloria; pero ¿por qué habría de abandonar a su propio Hijo?

«¡Dios mío!» ¿Por qué no dice «Padre mío»? Dijo «Padre» en la primera palabra desde la cruz, y también en la última; ¿por qué aquí dice «Dios mío»? ¿Acaso en la oscuridad había perdido la conciencia de su condición de Hijo? ¿Le parecía que lo habían alejado del hogar, del corazón del Padre, del seno donde desde toda la eternidad había reposado? Así parece. Sin embargo, observemos cómo su fe se aferra en medio de la oscuridad: sigue siendo «¡Dios mío!». No ha perdido la fe, ni siquiera en las tinieblas. Su fe permanece firme, aunque no pueda ver el rostro de su Padre. No importa cuán oscura sea la noche que nos rodea, cuán pesada sea la cruz que nos agobia, ni cuán solos y abandonados nos sintamos: nunca debemos perder la fe en Dios. Detrás de las nubes más negras, su rostro siempre resplandece de amor. Él sigue siendo nuestro Dios, aunque por un tiempo nos haya dejado solos.

«¿Por qué me has desamparado?» ¿Podemos responder a este «¿por qué?»? Solo sabemos que Jesús estaba llevando nuestros pecados, y que fue por amor a nosotros que tuvo que soportar este ocultamiento del rostro de su Padre. Él fue desamparado por un breve momento, para que por toda la eternidad pudiéramos gozar del favor de Dios y vivir en comunión con Él.

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Christ's Cry on the Cross

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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