Comentario Devocional y Práctico

El conflicto del creyente con el pecado que habita en él

El apóstol, al medir su vida con la santa ley de Dios, se descubre tan lejos de la perfección que se reconoce carnal y vendido a un amo aborrecido, del cual solo puede librarlo la gracia de su poderoso Amigo celestial.

Comparado con la santa norma de conducta que se halla en la ley de Dios, el apóstol se hallaba tan lejos de la perfección, que le parecía ser carnal; como un hombre vendido contra su voluntad a un amo aborrecido, del cual no puede libertarse. Un verdadero cristiano sirve de mala gana a este amo aborrecido, y sin embargo no puede sacudir la cadena que lo aflige, hasta que su poderoso y gracioso Amigo celestial lo rescata. El mal restante de su corazón es un real y humillante obstáculo para servir a Dios como lo hacen los ángeles y los espíritus de los justos hechos perfectos. Este lenguaje tan fuerte era el resultado del gran progreso de san Pablo en santidad, y de la profundidad de su humillación y de su odio al pecado. Si no entendemos este lenguaje, es porque estamos muy por debajo de él en santidad, en el conocimiento de la espiritualidad de la ley de Dios, en el mal de nuestros propios corazones y en el odio al mal moral. Y muchos creyentes han adoptado el lenguaje del apóstol, mostrando que es adecuado a sus profundos sentimientos de aborrecimiento del pecado y de humillación.

El apóstol se extiende en el conflicto que diariamente sostenía con los restos de su depravación original. Con frecuencia era llevado a disposiciones, palabras o acciones que no aprobaba ni permitía en su juicio y afectos renovados. Al distinguir su yo real, su parte espiritual, del yo, o carne, en el que habitaba el pecado, y al observar que las malas acciones eran realizadas, no por él, sino por el pecado que habitaba en él, el apóstol no quiso decir que los hombres no sean responsables de sus pecados, sino que enseña la maldad de estos, mostrando que todos se cometen contra la razón y la conciencia. Que el pecado habite en un hombre no prueba que lo domine o tenga señorío sobre él. Si un hombre habita en una ciudad, o en un país, puede aun así no gobernar allí.

Los conflictos espirituales entre la corrupción y la gracia en un creyente: Parte 2 (

Fuente y atribución

Autor original: Religious Tract Society

Título original: Devotional and Practical Commentary — Romans 7:14-17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.

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