Se nos anima a acercarnos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. El Señor es capaz de dar paz a la conciencia atribulada y de calmar las pasiones desatadas del alma. Estas bendiciones las concede él como Padre de su familia redimida. Es nuestro Salvador quien dice: No se turbe vuestro corazón. Todos los consuelos provienen de Dios, y nuestros consuelos más dulces están en él. Él habla paz a las almas concediendo el libre perdón de los pecados; y las consuela mediante las vivificantes influencias del Espíritu Santo y por las ricas misericordias de su gracia. Él es capaz de vendar a los quebrantados de corazón, de sanar las heridas más dolorosas, y también de dar esperanza y gozo bajo los pesares más abrumadores. Los favores que Dios nos concede no son solo para alegrarnos, sino también para que seamos útiles a los demás. Él envía consuelos suficientes para sostener a quienes simplemente confían en él y le sirven. Si fuéramos llevados tan bajo como para desesperar aun de la vida, aun entonces podemos confiar en Dios, que puede hacer volver aun desde la muerte. Su esperanza y confianza no fueron en vano; ni se avergonzará nadie que confíe en el Señor. Las experiencias pasadas alientan la fe y la esperanza, y nos obligan a confiar en Dios para el tiempo por venir. Y es nuestro deber no solo ayudarnos mutuamente con la oración, sino con la alabanza y la acción de gracias, y así hacer adecuados retornos por los beneficios recibidos. De este modo, tanto las pruebas como las misericordias redundarán en bien para nosotros y para los demás.
Profesa la integridad propia y la de sus colaboradores (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 2 Corinthians 1:1-11
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.