Pensamientos vespertinos

El consuelo de Dios que se asemeja al de una madre

La familia de Dios es una familia que llora, escogida en el horno de la aflicción. Pero si nuestros sufrimientos abundan, mucho más abundan nuestras consolaciones, pues Dios consuela a sus hijos con la ternura delicada de una madre.

La familia de Dios es una familia afligida. «Te he escogido en el horno de la aflicción», dice Él. La historia de la Iglesia encuentra su emblema más adecuado en la zarza ardiente pero no consumida que Moisés vio. El hombre nace para dolores, pero el creyente es señalado para ellos; parece ser una condición inseparable de su alto llamamiento. Si es un vaso escogido, lo es en el horno de la aflicción; si es hijo adoptivo, la corrección es la marca; si camina al reino celestial, su sendero pasa por mucha tribulación; si es seguidor de Jesús, ha de salir a Él fuera del campamento, llevando su oprobio. Pero si sus sufrimientos abundan, mucho más abundan sus consolaciones. Ser consolado por Dios puede reconciliarnos con cualquier dolor con el que plazca a nuestro Padre celestial investirnos.

Dios consuela a sus afligidos con el amor propio de una madre. Ved la ternura con que una madre alivia el sufrimiento y calma el dolor de su hijo en duelo; así consuela Dios a los suyos. ¡Oh, hay una delicadeza y una fineza de sentimiento en los consuelos de Dios que sobrepasan toda expresión! No hay reprensión áspera, ni reproche severo, ni exposición de nuestra calamidad ante el ojo curioso e insensible, sino con toda la ternura de una madre, Dios, nuestro Padre, consuela a los afligidos de su pueblo. Él consuela en todas las variedades y soledades del dolor del corazón; en cada tristeza sale al encuentro de nuestro caso.

A Él, en oración, podemos descubrir todo nuestro corazón; a su confianza confiar nuestros secretos más profundos; sobre su amor reposar nuestras penas más delicadas; a su oído confesar nuestras caídas más hondas; ante su ojo extender nuestros pecados más grandes. Ve, pues, y respira tus penas en el corazón de Dios, y Él te consolará. Bienaventurada pérdida, si te conduce a Jesús y le haces tu Salvador, tu Amigo, tu Consejero y tu Escudo. Ama, obedece, confía y vive para Él; y en todo el futuro desconocido de tu historia, una voz susurrará con dulzura a tu oído: «Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - January 28

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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