El dolor de David por el pecado fue amargo. Sus efectos eran visibles en su cuerpo: "mis huesos envejecieron a causa de mi gemir todo el día; mi fuerza se agotó como en el calor del verano." No hallaba remedio alguno hasta que hizo una confesión completa ante el trono de la gracia celestial. Nos dice que por un tiempo guardó silencio, y su corazón se fue llenando más y más de dolor; como un torrente de montaña cuya salida está bloqueada, su alma estaba hinchada con ríos de tristeza. Se fabricó excusas; procuró distraer sus pensamientos, pero todo fue en vano. Como una llaga que se infecta, su angustia se acumulaba, y como no quiso usar la lanceta de la confesión, su espíritu estaba lleno de tormento y no conocía descanso.
Al fin llegó a esto: que debía volver a su Dios en humilde penitencia, o morir del todo; así que se apresuró al trono de la misericordia, y allí desenrolló el volumen de sus iniquidades ante el que todo lo ve, reconociendo toda la maldad de sus caminos en un lenguaje como el que lees en el salmo cincuenta y uno y otros salmos penitenciales. Habiendo hecho esto, una obra tan sencilla y sin tan difícil para el orgullo, recibió al instante la señal del perdón divino; los huesos que habían sido quebrados fueron hechos para regocijarse, y salió de su aposento para cantar la bienaventuranza del hombre cuya transgresión es perdonada.
¡Mira el valor de una confesión de pecado obrada por la gracia! Es para estimarse por encima de todo precio, pues en todo caso donde hay una confesión genuina y graciosamente concedida, la misericordia se da libremente, no porque el arrepentimiento y la confesión merezcan misericordia, sino por amor a Cristo. ¡Bendito sea Dios, siempre hay sanidad para el corazón quebrantado! ¡La fuente sigue corriendo para limpiarnos de nuestros pecados! En verdad, oh Señor, tú eres un Dios "pronto a perdonar." ¡Por tanto reconoceremos nuestras iniquidades!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 14 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.