He recibido su carta sobre la muerte de su piadosa hija, y espero que pronto aprenda a bendecir a su Redentor por haberla arrebatado tan presto. Me parece ver gran misericordia en lo repentino de su partida; y cuando sus afectos terminen de anhelarla, usted también lo verá.
¡Oh! ¿De qué ha sido arrebatada? Pues, en verdad, de la plaga de un corazón malo, de un mundo perverso y de un diablo astuto; arrebatada de todo futuro pesar amargo, y de todo lo que pudiera herir su oído, afligir su mirada o doler su corazón.
¿Y a qué ha sido arrebatada? A una tierra de paz eterna, donde todo habitante puede decir: «¡Ya no estoy enfermo!» Ya no más aflicción en el cuerpo, ya no más plaga en el corazón, sino todo lleno de amor y todo lleno de alabanza; mirando siempre con ojos embelesados, bendiciendo siempre con corazones adoradores a aquel querido Cordero que los ha lavado en su sangre, y que ahora los ha hecho reyes y sacerdotes para Dios, por los siglos de los siglos.
¡Oh, señora! ¿Qué preferiría tener? ¿No es mejor cantar en el cielo: «¡Digno es el Cordero que fue inmolado!», que clamar en la tierra: «¡Oh mujer miserable de mí!»?
¿No es mejor que su hija haya sido llevada al cielo, a que tenga su corazón dividido entre Cristo y ella? Si antes era un ídolo de plata, ¿no podría haberse convertido después en un ídolo de oro?
Ella ha ido al lugar más bendito, y volverá a verla pronto, para no separarse jamás. Si hubiera cruzado el mar y se hubiera ido a Irlanda, usted lo habría soportado; pero ahora que ha ido al cielo, ¿ha de ser esto difícil para usted? ¡Extraño amor es este!
Semejante proceder en otros no me sorprendería, pero yo casi le reprendería por ello. Y estoy seguro de que su hija también le reprendería, si fuera llamada ni un solo momento desde las glorias del cielo para satisfacer sus cariñosos anhelos. No puedo consolarla, ni debo adularla. Me alegro de que la querida criatura haya ido al cielo antes que usted. Lamente, si así lo desea; pero «¡Gloria, gloria, gloria sea dada a Dios!», dice John Berridge.
Fuente y atribución
Autor original: John Berridge
Título original: The death of your godly daughter
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Berridge, publicado originalmente en Grace Gems.