El pueblo de Dios es propenso a desanimarse por lo difícil del camino. En la amargura de su espíritu, suele estar tentado a decir, con la desalentada Sion: «¡El Señor me ha abandonado!», o con el profeta descreído: «¡Más me valdría morir que vivir!». Pero el cristiano también tiene sus consolaciones, y son «fuertes consolaciones». La voz apacible y delicada se mezcla con el huracán y la tempestad. La zarza arde con fuego, pero el gran Dios está en la zarza, y por eso es indestructible. «¡Vive el Señor, y bendita sea mi roca, y sea ensalzado el Dios de mi salvación!» Los consuelos terrenales pueden ayudar a secar una lágrima, pero otra lágrima está lista para brotar. Dios seca todas las lágrimas. No hay necesidad en los vacíos dolorosos del corazón que Él no pueda suplir.
¿Es misericordia para perdonar? Puedo levantar la mirada al trono del Altísimo y ver la Santidad y la Justicia, la Rectitud y la Verdad, todas inclinándose en armonía exultante sobre mi alma arruinada, exclamando: «Palabra fiel y digna de ser recibida por todos, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores». ¿Es gracia para ayudar? Puedo mirar aquel mismo trono y ver sentado en él a un gran Sumo Sacerdote, más bien, a un poderoso Príncipe que tiene poder con Dios y prevalece, mientras de sus labios asciende sin cesar la oración en favor de su pueblo. Cuando Satanás procura zarandearlos, el poder sustentador de Dios los protege. Cuando la tentación los asalta en sus conflictos terrenales, el verdadero Moisés en el monte, con manos que jamás se cansan, los hace «más que vencedores». Cuando la prueba amenaza postrarlos, Él se identifica con los sufridores y señala sus propios dolores para mostrarles cuán ligeros son los más pesados dolores de la tierra. Aun sobre los lúgubres portales del sepulcro puede escribir: «¡Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor!» Él solo sintió la sustancia de la muerte; su pueblo solo ve «la sombra». La convierte en un valle de Acor, por el cual «los dos espías», la Fe y la Esperanza, traen racimos de las promesas de la verdadera tierra prometida.
Lector, ¿estás ahora cansado o desalentado? ¿Hay alguna cruz pesada sobre ti, alguna prueba que te oprime, alguna espina en la carne que te laceran? ¡Quédate en silencio! Él hará que su gracia sea suficiente. Si te ha atraído al desierto, es para hablar a tu corazón. Tiene un antídoto para todo pecho afligido, un bálsamo para toda herida, un consuelo para toda angustia, un alivio para toda lágrima. «Cuando la angustia era grande dentro de mí, tu consuelo alegró mi alma.» Con tal consuelo puedo cerrar los ojos y repetir: «En paz me acostaré y dormiré, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado». — Salmo 4:8
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: THE CONSOLATIONS OF GOD
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.