Pensamientos vespertinos

El consuelo que Dios mismo ofrece a su pueblo

La Escritura insiste en que es voluntad revelada de Dios que su pueblo sea confortado, mediante la plenitud de Cristo, las promesas y la esperanza de la gloria venidera.

La Palabra santa pone gran énfasis en el consuelo. Es la voluntad revelada de Dios que su pueblo sea confortado. La plenitud de Cristo, las grandísimas y preciosas promesas, el pacto de gracia y todos los tratos divinos convergen en este punto: la consolación de los santos. Él mismo lleva el nombre de «Padre de misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones», y mandó a su profeta: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios.»

Consolar a los santos es también uno de los grandes fines de las Escrituras: «Todo lo que se escribió antes, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras tengamos esperanza.» Por eso la exhortación: «Consolad al de poco ánimo», «consolaos unos a otros con estas palabras.» Así el Espíritu Santo ha testificado, y queda claro que es del corazón de Dios que su pueblo sea consolado.

El Espíritu consuela al creyente mostrándole la cercanía de la gloria venidera. El cielo está cerca: es solo un paso fuera de un mundo de pecado y dolor, un abrir y cerrar de ojos, y estaremos ausentes del cuerpo y presentes con el Señor. Entonces terminará nuestro luto, el pecado ya no afligirá, la aflicción ya no herirá, y Dios no se esconderá más. Los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero estarán ante el trono, y «Dios enjugará toda lágrima de sus ojos». Consolémonos, amados del Señor, con estas palabras y con esta esperanza.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - November 23

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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