¡Cuán múltiple, ilimitada, valiosa y provechosa es la oración para el predicador de tantas maneras, en tantos puntos, en todo sentido! Un gran valor es que ayuda su corazón.
La oración hace del predicador un predicador de corazón. La oración pone el corazón del predicador en el sermón del predicador; la oración pone el sermón del predicador en el corazón del predicador.
El corazón hace al predicador. Los hombres de corazón grande son grandes predicadores. Los hombres de mal corazón pueden hacer algo de bien, pero esto es raro. El asalariado y el extraño pueden ayudar a las ovejas en algunos puntos, pero es el buen pastor con el corazón del buen pastor quien bendecirá a las ovejas y responderá a la plena medida del lugar del pastor.
Hemos enfatizado la preparación del sermón hasta que hemos perdido de vista lo importante a preparar: el corazón. Un corazón preparado es mucho mejor que un sermón preparado. Un corazón preparado hará un sermón preparado.
Se han escrito volúmenes estableciendo la mecánica y el gusto de la elaboración de sermones, hasta que nos hemos apoderados de la idea de que este andamiaje es el edificio. Al joven predicador se le ha enseñado a poner toda su fuerza en la forma, gusto y belleza de su sermón como producto mecánico e intelectual. Así hemos cultivado un gusto vicioso entre el pueblo y levantado el clamor por talento en lugar de gracia, elocuencia en lugar de piedad, retórica en lugar de revelación, reputación y brillantez en lugar de santidad. Por ello hemos perdido la idea verdadera de la predicación, perdido el poder de la predicación, perdido la pungente convicción del pecado, perdido la rica experiencia y el elevado carácter cristiano, perdido la autoridad sobre las conciencias y vidas que siempre resulta de la predicación genuina.
No sería justo decir que los predicadores estudian demasiado. Algunos no estudian en absoluto; otros no estudian lo suficiente. Muchos no estudian de la manera correcta para mostrarse obreros aprobados de Dios. Pero nuestra gran falta no está en el cultivo de la cabeza, sino en el cultivo del corazón; no la falta de conocimiento sino la falta de santidad es nuestro defecto triste y revelador — no que sepamos demasiado, sino que no meditemos en Dios y su palabra, ni vigilemos, ayunemos y oremos lo suficiente. El corazón es el gran obstáculo para nuestra predicación. Palabras embarazadas de verdad divina encuentran en nuestros corazones no conductores; detenidas, caen cortadas y sin poder.
¿Puede la ambición, que ansía alabanza y lugar, predicar el evangelio de aquel que se hizo de ninguna reputación y tomó sobre sí la forma de siervo? ¿Puede el orgulloso, el vano, el egotista predicar el evangelio de aquel que era manso y humilde? ¿Puede el malhumorado, irascible, egoísta, duro y mundano predicar el sistema que rebosa de longanimidad, abnegación, ternura, que exige imperativamente separación de la enemistad y crucifixión al mundo? ¿Puede el funcionario asalariado, sin corazón, meramente cumplidor, predicar el evangelio que exige que el pastor dé su vida por las ovejas? ¿Puede el avaro, que cuenta el salario y el dinero, predicar el evangelio hasta que haya limpiado su corazón y pueda decir en el espíritu de Cristo y Pablo, en palabras de Wesley: "Lo tengo por estiércol y escoria; lo hago pedazos bajo mis pies; yo (no yo, sino la gracia de Dios en mí) lo estimo como el lodo de las calles, no lo deseo, no lo busco"? La revelación de Dios no necesita la luz del genio humano, el pulimento y la fuerza de la cultura humana, el brillo del pensamiento humano, la fuerza de los cerebros humanos para adornarla o reforzarla; pero exige la sencillez, la docilidad, la humildad y la fe de un corazón de niño.
Fue este abandono y subordinación del intelecto y el genio a las fuerzas divinas y espirituales lo que hizo a Pablo sin par entre los apóstoles. Fue esto lo que dio a Wesley su poder y extendió sus labores en la historia de la humanidad. Esto le dio a Loyola la fuerza para detener las fuerzas en retirada del catolicismo.
Nuestra gran necesidad es la preparación del corazón. Lutero lo sostenía como axioma: "El que ha orado bien ha estudiado bien". No decimos que los hombres no deben pensar ni usar su intelecto; pero quien cultive más su corazón usará mejor su intelecto. No decimos que los predicadores no deban ser estudiosos; sino que su gran estudio debe ser la Biblia, y quien estudia la Biblia mejor es quien ha guardado su corazón con diligencia. No decimos que el predicador no deba conocer a los hombres, pero será más experto en la naturaleza humana quien haya sondeado las profundidades e intrincados de su propio corazón. Sí decimos que, si bien el canal de la predicación es la mente, su fuente es el corazón; puedes ensanchar y profundizar el canal, pero si no cuidas la pureza y profundidad de la fuente, tendrás un canal seco o contaminado. Sí decimos que casi cualquier hombre de inteligencia común tiene bastante sentido para predicar el evangelio, pero muy pocos tienen bastante gracia para hacerlo. Sí decimos que quien ha luchado con su propio corazón y lo ha vencido; quien le ha enseñado humildad, fe, amor, verdad, misericordia, simpatía, valor; quien puede verter los ricos tesoros del corazón así entrenado, a través de un intelecto varonil, todo cargado con el poder del evangelio sobre las conciencias de sus oyentes — tal será el predicador más verdadero y más exitoso a los ojos de su Señor.
13. Gracia del corazón más que de la cabeza
No estudies para ser un predicador refinado. Los muros de Jericó caen con cuernos de carnero. Mira sencillamente a Jesús para recibir alimento para predicar; y lo que se necesite será dado, y lo que se dé será bendecido, ya sea un grano de cebada o un pan de trigo, una corteza o una miga. Tu boca será un arroyo que fluye o una fuente sellada, según sea tu corazón. Evita toda controversia al predicar, hablar o escribir; no prediques contra nada sino contra el diablo, y no levantes a nada sino a Jesucristo. John Berridge
El corazón es el Salvador del mundo. Las cabezas no salvan. El genio, el cerebro, el brillantez, la fuerza, los dones naturales no salvan. El evangelio fluye a través de corazones. Todas las fuerzas más poderosas son fuerzas del corazón. Todas las gracias más dulces y hermosas son gracias del corazón. Los grandes corazones hacen grandes caracteres; los grandes corazones hacen caracteres divinos. Dios es amor. No hay nada mayor que el amor, nada mayor que Dios. Los corazones hacen el Cielo; el Cielo es amor. No hay nada más alto, nada más dulce, que el Cielo. Es el corazón y no la cabeza lo que hace los grandes predicadores de Dios. El corazón cuenta mucho en todo sentido en la religión. El corazón debe hablar desde el púlpito. El corazón debe oír en el banco. De hecho, servimos a Dios con nuestros corazones. La homilía de la cabeza no pasa corriente en el Cielo.
Creemos que uno de los errores graves y más comunes del púlpito moderno es poner más pensamiento que oración, más cabeza que corazón en sus sermones. Los corazones grandes hacen grandes predicadores; los corazones buenos hacen buenos predicadores. Una escuela teológica para agrandar y cultivar el corazón es el desiderátum de oro del evangelio. El pastor ata a su pueblo a él y gobierna a su pueblo por su corazón. Pueden admirar sus dones, sentirse orgullosos de su capacidad, verse afectados por el momento por sus sermones; pero la plaza fuerte de su poder es su corazón. Su cetro es el amor. El trono de su poder es su corazón.
El buen pastor da su vida por las ovejas. Las cabezas nunca hacen mártires. Es el corazón el que entrega la vida al amor y a la fidelidad. Se requiere gran valor para ser un pastor fiel, pero solo el corazón puede proveer este valor. Los dones y el genio pueden ser valientes, pero son los dones y el genio del corazón y no de la cabeza.
Es más fácil llenar la cabeza que preparar el corazón. Es más fácil hacer un sermón cerebral que un sermón de corazón. Fue el corazón lo que atrajo al Hijo de Dios del Cielo. Es el corazón lo que atraerá a los hombres al Cielo. Hombres de corazón es lo que el mundo necesita para simpatizar con su aflicción, besar sus tristezas, compadecer su miseria y aliviar su dolor. Cristo era eminentemente el hombre de dolores, porque era preeminentemente el hombre de corazón.
"Dame tu corazón", es el requerimiento de Dios a los hombres. "¡Dame tu corazón!" es la demanda del hombre al hombre.
Un ministerio profesional es un ministerio sin corazón. Cuando el salario juega un gran papel en el ministerio, el corazón juega un papel pequeño. Podemos hacer de la predicación nuestro negocio, y no poner nuestro corazón en el negocio. Quien se pone a sí mismo al frente en su predicación pone el corazón a la retaguardia. Quien no siembra con su corazón en su estudio nunca cosechará una mies para Dios. El aposento es el estudio del corazón. Allí aprenderemos más sobre cómo predicar y qué predicar que lo que podemos aprender en nuestras bibliotecas. "Jesús lloró" es el versículo más corto y grande de la Biblia. Es quien sale llorando (no predicando grandes sermones), llevando preciosa semilla, quien volverá regocijado, trayendo sus gavillas consigo.
La oración da sentido, trae sabiduría, ensancha y fortalece la mente. El aposento es un maestro y escuela perfectos para el predicador. El pensamiento no solo se aclara en la oración, sino que el pensamiento nace en la oración. Podemos aprender más en una hora orando, cuando realmente se ora, que de muchas horas en el estudio. Hay libros en el aposento que no se encuentran ni se leen en ningún otro lugar. Se hacen revelaciones en el aposento que no se hacen en ningún otro lugar.
14. La unción es necesaria
Una brillante bendición que la oración privada derrama sobre el ministerio es un algo indescriptible e inimitable — una unción del Santo.… Si la unción que llevamos no viene del Señor de los ejércitos, somos engañadores, pues solo en la oración podemos obtenerla. Continuemos instante, constante y ferviente en la súplica. Dejemos que el vellón yace en la era de la súplica hasta que esté mojado con el rocío del Cielo. Charles Spurgeon
Alexander Knox, un filósofo cristiano de los días de Wesley, no adherente sino fuerte amigo personal de Wesley, y con mucha simpatía espiritual por el movimiento wesleyano, escribe: "Es extraño y lamentable, pero creo verdaderamente el hecho de que, excepto entre los metodistas y clérigos metodistas, no hay mucha predicación interesante en Inglaterra. El clero, en general, ha perdido absolutamente el arte. Concibo, en las grandes leyes del mundo moral, una especie de entendimiento secreto como las afinidades en la química, entre la verdad religiosa promulgada debidamente y los sentimientos más profundos de la mente humana. Donde una se exhibe debidamente, la otra responderá. ¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros? — pero a este devoto sentimiento es indispensable en el orador. Ahora, me veo obligado a afirmar por mi propia observación que esta unción, como los franceses no inadecuadamente la llaman, es, más allá de toda comparación, más probable de encontrarse en Inglaterra en un conventículo metodista que en una iglesia parroquial. Esto, y solo esto, parece ser realmente lo que llena las casas metodistas y vacía las iglesias. No soy, en verdad pienso, ningún entusiasta; soy un anglicano sincero y cordial, un humilde discípulo de la Escuela de Hale y Boyle, de Burnet y Leighton. Ahora debo afirmar que cuando estuve en este país, hace dos años, no oí a un solo predicador que me enseñara como mis propios grandes maestros sino a los que se consideran metodistas. Y ahora desespero de obtener un átomo de instrucción de corazón de cualquier otro lado. Los predicadores metodistas (por más que no apruebe siempre todas sus expresiones) difunden ciertamente esta religión verdadera e inmaculada. Sentí verdadero placer el domingo pasado. Puedo dar testimonio de que el predicador habló de una vez palabras de verdad y cordura. No hubo elocuencia — el hombre honesto nunca soñó con tal cosa — pero hubo algo mucho mejor: una comunicación cordial de verdad vitalizada. Digo vitalizada porque lo que declaraba a otros era imposible no sentir que lo vivía él mismo."
Fuente y atribución
Autor original: E. M. Bounds
Título original: Power Through Prayer — parte 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de E. M. Bounds, publicado originalmente en Grace Gems.