Las paradojas abundan en la experiencia cristiana, y he aquí una: la esposa estaba dormida, y sin embargo despierta. Solo aquel que ha arado con la novilla de su propia experiencia puede descifrar el enigma del creyente.
Los dos puntos del texto de esta noche son: un sueño triste y una vigilia esperanzadora.
Un sueño triste: «Yo duermo». Por el pecado que habita en nosotros podemos tornarnos negligentes en los deberes santos, perezosos en los ejercicios piadosos, torpes en los goces espirituales y espiritualmente indolentes y descuidados. Este es un estado vergonzoso para aquel en quien mora el Espíritu que da vida; y es peligroso en sumo grado. Aun las vírgenes prudentes a veces duermen, pero ya es hora de que todos sacudamos las ataduras de la pereza.
Es de temer que muchos creyentes pierden su fuerza, como Sansón perdió sus cabellos, mientras duermen en el regazo de la seguridad carnal. Con un mundo perecedero a nuestro alrededor, dormir es cruel. Con la eternidad tan cerca, es locura. Sin embargo, ninguno de nosotros está tan despierto como debiera; unos cuantos truenos nos harían bien a todos, y puede ser que, si no nos apresuramos pronto, los tengamos en forma de guerra, o pestilencia, o pérdidas y duelos personales. ¡Ojalá dejemos para siempre el lecho del descanso carnal y salgamos con antorchas encendidas al encuentro del Esposo que viene!
Una vigilia esperanzadora: «Mi corazón despierta». Esta es una señal feliz. La vida no está extinguida, aunque tristemente sofocada. Cuando nuestro corazón renovado lucha contra nuestra pesadez natural, deberíamos agradecer a la gracia soberana el conservar un poco de vitalidad dentro de nosotros. Jesús oirá nuestros corazones, ayudará nuestros corazones, visitará nuestros corazones; pues la voz del corazón despierto es en realidad la voz de nuestro Amado, que dice: «¡Ábreme!». El celo santo abrirá con toda certeza la puerta.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 24 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.