Por John Ross MacDuff, 1856
PREFACIO
Si bien la palabra de Dios es ‘provechosa para corrección e instrucción en justicia’, también es provechosa para sostén y consolación. El Apóstol habla de ‘el consuelo de las Escrituras’, y el pueblo de Dios, en todas las épocas, lo ha experimentado en su propia y feliz experiencia. Han ‘sacado agua con gozo de los manantiales de salvación’, y fueron capacitados, en consecuencia, para ‘ir por su camino regocijándose’.
El gran Objeto central de la revelación — en quien se concentran todas sus verdades y promesas, y de quien derivan su vitalidad y preciosidad — es llamado enfáticamente ‘la Consolación de Israel’; y solo cuando le miramos a Él, tendremos ‘óleo de gozo en lugar de luto, y manto de alabanza en lugar de espíritu de desaliento’. Por tanto, al procurar ‘consolar a los que lloran’, debe darse gran preeminencia a su gloriosa persona, y a su obra expiatoria. Tratemos con el pecador convencido, o con el creyente dudoso y desconsolado, no podemos hacer nada mejor que señalarle de inmediato a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.
Al mismo tiempo, debe tenerse presente que las cosas concernientes a Él, para producir los frutos de gozo y paz, deben aplicarse al alma por el poder del Divino Espíritu. Es su obra especial revelar al Salvador en todos sus caracteres y oficios, como ‘hecho para nosotros sabiduría, y justificación, y santificación, y redención’. Así, como el Espíritu de verdad, y el Testigo de Jesús, Él es el ‘otro Consolador’, que ha de permanecer con su pueblo para siempre.
En las siguientes páginas, el autor ha procurado exponer, de forma clara y condensada, algunas de aquellas benditas verdades que están dispuestas para ministrar al consuelo de los seguidores del Salvador. Como los israelitas de antaño, ellos pueden desalentarse con frecuencia a causa de las dificultades y los peligros del camino; y se espera que estas breves meditaciones sean el medio de refrescar sus espíritus, y de renovar sus fuerzas. Que todos los lectores de esta pequeña obra sean llevados diariamente a ‘considerar a Aquel que soportó la cruz, y soportó la contradicción de los pecadores contra sí mismo, no sea que se desalienten y desfallezcan en sus ánimos’. Y que ‘nuestro mismo Señor Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos amó, y nos dio consolación eterna, y una buena esperanza por gracia, consuele sus corazones, y los afirme en toda buena palabra y obra’.
‘Consuelo, consuelo, mi pueblo, dice tu Dios’. Isaías 41:1.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Believer Gladdened on His Journey Zion-ward
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.