El cristiano nunca debería pensar ni hablar a la ligera de la incredulidad. Que un hijo de Dios desconfíe del amor, la verdad y la fidelidad de Dios debe serle sumamente desagradable. ¿Cómo podemos entristecerlo dudando de su gracia que nos sostiene? ¡Cristiano! Es contrario a toda promesa de la preciosa Palabra de Dios que jamás seas olvidado o dejado perecer. Si así pudiera ser, ¿cómo sería veraz el que ha dicho: «¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, para no compadecerse del hijo de su vientre? Sí, ellos pueden olvidar, pero yo no me olvidaré de ti.» ¿Qué valor tendría aquella promesa: «Los montes se apartarán, y los collados se removerán, pero mi misericordia no se apartará de ti, ni el pacto de mi paz será removido, dice el Señor, el que tiene misericordia de ti.» ¿Dónde estaría la verdad de las palabras de Cristo: «Yo doy vida eterna a mis ovejas; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.» ¿Dónde estarían las doctrinas de la gracia? Todas quedarían refutadas si un solo hijo de Dios pereciera. ¿Dónde estarían la veracidad de Dios, su honor, su poder, su gracia, su pacto, su juramento, si alguno de aquellos por quienes Cristo ha muerto y que han puesto su confianza en Él fueran, con todo, desechados?
Destierra esos temores incrédulos que tanto deshonran a Dios. Levántate, sacúdete del polvo y vístete de tus ropas hermosas.
Recuerda que es pecaminoso dudar de su Palabra, en la cual te ha prometido que no perecerás jamás. Deja que la vida eterna que hay en ti se exprese en gozo confiado.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: June 16 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.