Pensamientos vespertinos

El creyente peregrina por un mundo pasajero con esperanza

El cristiano atraviesa un mundo marcado por la vanidad y la corrupción, y sin embargo no se entrega a ella, pues anhela una santidad más plena y confía en la esperanza divina.

El mundo por el que transita el cristiano camino de su descanso bien puede llamarse un estado de vanidad. La Escritura lo recuerda con fuerza: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad». Nuestro origen es el polvo, nuestro brillo se marchita como la flor y nuestros logros se disipan cual neblina. Aun la religión humana, desprovista de gracia, no pasa de ser un vano espectáculo; nuestra mejor justicia, ante Dios, es como trapo inmundo. Sobre todo lo creado está escrita la palabra vanidad.

¿Cómo escapar, entonces, a su influjo? El creyente renovado permanece «sujeto a la vanidad», no por voluntad propia. No la ama ni se gloría en ella; antes bien, suspira por liberarse y elevarse por encima de ella. Su oración es: «Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tu camino». Como Israel bajo el yugo egipcio, gime anhelando la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

¿Por qué Dios dejó a su pueblo por tantos años en este estado? Pudiera habernos trasladado al cielo en el instante mismo de renovarnos. Con todo, podemos confiar en que al enviarnos al mundo después de habernos llamado por su gracia, ha consultado mejor su propia gloria y nuestro bien. Aquí están la escuela de su enseñanza, el escenario de nuestro trabajo y el teatro de nuestra lucha espiritual: sujetos a la vanidad, sí, mas con esperanza.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - November 15

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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