Palabras de consuelo divino

El creyente que entra a la gloria eterna

Hemos seguido al creyente desde la enfermedad hasta la muerte, y ahora lo seguimos desde la muerte hasta la gloria, donde Cristo lo recibe junto al trono para siempre.

Hemos seguido al creyente en Jesús desde la enfermedad hasta la muerte, y ahora lo seguimos desde la muerte hasta la gloria. En cada etapa de su peregrinación terrenal, ¡cuán precioso es él para el corazón de Cristo y cuán firmemente guardado por el poder de Dios para plena salvación! El viaje no es largo, y la transición suele ser muy rápida. Apenas ha sufrido el último dolor, derramado la última lágrima y lanzado el último suspiro, ya está ante el trono de Dios y del Cordero, bebiendo del río cristalino y bañándose en el resplandor de la gloria.

Piensa, alma mía, en la certeza de esa gloria. Las Escrituras, que no pueden ser quebrantadas, lo afirman con toda claridad: nada es más seguro que la gloria final de los santos. El mismo Jesús declara: "Padre, quiero que donde yo estoy, también estén conmigo los que me has dado, para que vean mi gloria." Sí, la gloria agrega al final de tu peregrinación cansada y llorosa; es el último eslabón de la cadena de oro que te une al trono de los cielos. El primer eslabón es la presciencia de Dios sobre sus santos; el último, su glorificación.

Y ahora, el enfermo y el que suspiraba está en la gloria. No hay más pecado, ni sufrimiento, ni lágrimas; las primeras cosas pasaron y todas son hechas nuevas. Ha visto a Jesús y, sin falta ante el trono, entona las alabanzas del Cordero. Que la fe, con su mirada lejana, penetre dentro del velo y exclame con dulce confianza: "Recibirme has en la gloria."

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE BELIEVER IN GLORY

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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