Considera a Jesús

El Cristo rico que nos enseña a poseer los bienes

Una reflexión sobre Cristo, dueño de toda riqueza, que nos llama a atribuir los bienes a Dios, huir del orgullo y la mundanalidad, y consagrarlos a su gloria.

El rango y la riqueza pueden existir separados; en Jesús estuvieron unidos. No podría ser el Ser más divino sin ser también el más rico del universo: el Creador y, por tanto, dueño de todos los mundos. Más aún, pudo decir: «Mías son todas las almas», una riqueza solo inferior a la abundancia de su propia deidad. Así se convierte en objeto de estudio para el creyente rico, cargado de responsabilidades y abrumado por la solemne cuenta que la riqueza exige en el juicio final.

Jesús atribuyó su riqueza a Dios. Aunque afirmaba su deidad esencial, reconocía siempre su dependencia del Padre como Mediador y Redentor: «El Hijo nada puede hacer de sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre». A Dios le debéis atribuir vuestra riqueza. No digáis en vuestro corazón: «Mi poder y la fuerza de mi mano me han ganado esta riqueza», sino recordad que es el Señor quien «da poder para adquirir riquezas». Jesús, aunque rico, estuvo libre del orgullo de la riqueza: la gracia que nos enseña nuestra pobreza espiritual nos permite caminar humildemente con Dios en medio de los bienes.

Jesús también estuvo libre de la mundanalidad de la riqueza. Con el mundo a su disposición, ¡cuán poco mundano fue! Y consagró sus riquezas a la gloria de Dios. ¿Está así consagrada la vuestra? ¿Lleva vuestra moneda el sello de «Santidad al Señor»? Cristo tiene hermanos pobres que necesitan ayuda, y su causa languidece por falta de sostén. Esparcid liberalmente vuestros bienes y, al depositarlos a los pies de Jesús, exclamad con gratitud: «De lo tuyo te he dado, amado Señor». Y que sea vuestra oración constante: «En todos los tiempos de nuestra riqueza, ¡buen Señor, líbranos!».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Consider Jesus– in the Possession of Wealth

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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