El Padrenuestro

El deleite en el deber vale más que el deber mismo

Una reflexión sobre el deleite en el deber: el verdadero creyente ama la Palabra y sirve a Dios con gozo, y aun cuando siente cansancio, lo aborrece y busca recobrar la prontitud en la obediencia.

Está cansado de su cansancio

Un hipócrita puede ser capaz de hacer algunas cosas correctas, pero no halla deleite en el deber; lo hace más bien por temor al infierno que por amor a Dios. Cuando hace la voluntad de Dios, va contra su propia voluntad. Caín trajo su sacrificio, pero de mala gana; su adoración era más bien una tarea que una ofrenda, más bien penitencia que sacrificio; hizo la voluntad de Dios, pero contra su propia voluntad.

Debemos ser llevados sobre las alas del deleite en cada deber. Debemos leer y oír la Palabra con deleite.

«Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra fue para mí gozo y alegría de mi corazón.» Jer 15:16. Un alma piadosa acude a la Palabra como a un banquete, o como quien acude con deleite a escuchar música.

No es que una persona verdaderamente regenerada esté siempre en el mismo temple alegre de obediencia; a veces puede hallar indisposición y cansancio del alma, pero su cansancio es su carga; está cansado de su cansancio; ora, llora, usa todos los medios para recobrar la prontitud y la libertad en el servicio de Dios a las que estaba acostumbrado.

Hacer la voluntad de Dios de manera aceptable es hacerla de buena gana. El deleite en el deber es mejor que el deber mismo. No se alaba al músico por tocar mucho, sino bien; no se trata de cuánto hacemos, sino de cuánto amamos. «¡Oh, cuánto amo tu ley!» Salmo 119:97. El amor perfuma la obediencia y la hace subir al cielo como un incienso aromático.

Fuente y atribución

Autor original: Thomas Watson

Título original: El Padrenuestro — He is weary of his

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Watson, publicado originalmente en Grace Gems.

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