El intelecto del hombre busca reposo, y por naturaleza lo busca aparte del Señor Jesucristo. Los hombres de educación son propensos, aun cuando ya convertidos, a mirar las simplicidades de la cruz de Cristo con un ojo poco reverente y poco amoroso. Quedan presos en la vieja red en la que cayeron los griegos, y sienten inclinación a mezclar la filosofía con la revelación escritural. La tentación de un hombre de pensamiento refinado y alta educación es apartarse de la simple verdad de Cristo crucificado y de inventar, como se dice, una doctrina más intelectual. Esto condujo a las iglesias cristianas primitivas al gnosticismo, y las hechizó con toda clase de herejías. Esta es la raíz de la Neología y de las otras sutilezas que en tiempos pasados fueron tan populares en Alemania, y que ahora seducen tanto a ciertas clases de teólogos.
Quienquiera que seas, buen lector, y cualquiera que sea tu educación, si eres del Señor, ten por seguro que no hallarás reposo en divinizar la filosofía. Podrás recibir este dogma de un gran pensador, o aquel sueño de otro razonador profundo; pero lo que la paja es al trigo, eso serán ellos para la pura Palabra de Dios. Todo cuanto la razón humana, aun mejor guiada, puede descubrir no son sino el abecé de la verdad; y aun eso carece de certeza, mientras que en Cristo Jesús está atesorada toda la plenitud de la sabiduría y del conocimiento.
Todo intento de los cristianos de contentarse con sistemas tales como los que aprobarían los pensadores unitarios y de la Iglesia Amplia, tiene que fracasar. Los verdaderos herederos del cielo han de volver a la realidad sublimemente simple, que hace brillar de gozo el ojo del labriego y alegra el corazón del piadoso mendigo: «¡Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores!». Jesús satisface al intelecto más elevado cuando es recibido con fe; pero aparte de Él, la mente del regenerado no halla reposo. «El temor del Señor es el principio del conocimiento». «Buen entendimiento tienen todos los que cumplen sus mandamientos».
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 25 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.