Algo no está bien cuando a lo largo del día hemos hecho aquello que nos da vergüenza contarle a Cristo cuando llegamos en la tarde y nos postramos a sus pies; o cuando hemos dicho algo que no estamos dispuestos a repetirle en nuestras oraciones, al venir a hablar cara a cara con Él. Algún día se nos preguntará qué dijimos e hicimos mientras caminábamos por la vida; cuidémonos, pues, de decir o hacer nada que nos avergüence confesar delante de nuestro Señor, de los ángeles y de todo el universo.
Las ideas de los discípulos acerca del puesto y el rango eran del todo terrenales. Disputaban por los lugares en el reino que Cristo iba a establecer, muy al modo en que un grupo de políticos modernos pelean por los despojos del cargo. Pedro creía que debía ser primer ministro, pues era el mejor orador. Judas pensaba que con seguridad sería el secretario del tesoro, lo cual le daría un puesto prominente. Juan era el favorito de Cristo y estaba seguro de ser el mayor. Andrés había sido llamado primero, y sostenía que ese hecho debía darle la precedencia. Así discutían entre ellos.
Y así hacen a veces los cristianos hoy. Quieren puestos oficiales en la iglesia: quieren ser ancianos, diáconos o síndicos; o quieren posiciones en la escuela dominical, como superintendentes, maestros, secretarios o bibliotecarios; o quieren ser presidentes o vicepresidentes de alguna sociedad misionera o de otras organizaciones; o quieren ser pastores de iglesias urbanas populares. Es el mismo viejo espíritu maligno: la idea de que la manera de ser un gran cristiano es destacar en algún puesto oficial, tener honor y poder entre los hombres. Es una vergüenza ver tal rivalidad en la iglesia de Cristo, pero a veces la vemos; y quizá a veces nosotros mismos nos empecinamos en ella.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Desire for Place and Power
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.